Argentina-Brasil: el clásico plantea una semi vibrante

El Mineirao recibirá un duelo estupendo y cargado de historia e ilusión por un lugar en la final de la Copa América. Los detalles aparecen por todos lados en un partido tan táctico y estratégico como emocional.

El 1° de septiembre de 2016, en la séptima fecha de las Eliminatorias sudamericanas para Rusia 2018, Brasil y Argentina estrenaron entrenadores. Los dos seleccionados atravesaban tiempos complicados, con un período entre el Mundial 2014 y la Copa América 2016 que, a pesar de resultados muy dispares, conllevó críticas para ambos.

La Canarinha arrastraba una derrota muy dolorosa en la máxima cita global que la tuvo como anfitriona y dos eliminaciones tempranas en los torneos continentales (en cuartos de final en 2015 y en la fase de grupos en 2016), mientras que la Albiceleste padecía las tres finales perdidas en años consecutivos. Pasadas las competencias y con la mira enfocada nuevamente en la fase clasificatoria, un tercer cambio de mando en ese lapso se produjo en ambos bancos.

Tite, que llegó tras Luiz Felipe Scolari y Dunga, debutó con una goleada por 3-0 sobre Ecuador con dos tantos de Gabriel Jesus y uno de Neymar; Edgardo Bauza, quien sucedió a Alejandro Sabella y Gerardo Martino, derrotó por 1-0 a Uruguay en su primer partido gracias a un gol de Lionel Messi. Sin embargo, a pesar de esos inicios victoriosos, los caminos recorridos por los equipos desde ese día hasta su cruce para definir un finalista de la Copa América son opuestos.

Brasil comenzó un proceso fructífero que la revitalizó y potenció, mientras que otros dos técnicos pasaron por una Argentina que no logró continuidad y sufrió vaivenes futbolísticos y emocionales. Con un entrenador que lleva apenas una derrota oficial en 40 encuentros frente a otro que atraviesa su primera experiencia profesional y sólo lleva un triunfo ante rivales CONMEBOL, el duelo parece decidido de antemano, pero el fútbol es tan impredecible como sorpresivo y este último mes los dos conjuntos se han modificado.

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En sus casi tres años en el cargo, Tite ha elevado el nivel de Brasil. Crédito: AFP.

Los de Tite afrontaban el torneo dispuestos a arrasar y levantar el trofeo en su país, algo vivido en las cuatro ediciones anteriores disputadas allí (1919, 1922, 1949 y 1989). Pero las complicaciones de Neymar, quien fue acusado de violación y luego se lesionó, y algunas dificultades en el campo de juego -incluida la reprobación de sus hinchas- disminuyeron levemente su condición de máximos candidatos.

Del otro lado, la Selección elevó paulatinamente su nivel y superó a Venezuela en los cuartos de final con su mejor rendimiento, aunque lejos estuvo de la excelencia y enfrentará la semifinal con cautela. “Vamos a enfrentar al favorito”, subrayó ayer Scaloni, quien agregó: “Es evidente que ellos están en un presente importante. Hace rato que vienen jugando juntos y eso les da ventaja. Creemos que podemos hacerlo bien y pasar de ronda, pero son un gran equipo y juegan en su casa”.

Desde lo estadístico, el andar brasileño es irreprochable. El estupendo recorrido en los 40 partidos del ex entrenador de Corinthians -31 victorias, siete empates, 88 goles a favor y sólo 10 en contra, con 31 vallas invictas- ha sido ratificado en esta Copa América a partir de números muy buenos.

El seleccionado local lidera diversos rubros y promedios por encuentro que lo resaltan como el más ofensivo del certamen: es el que más remata al arco contrario (21) y menos tiros recibe en el propio (6) -las medias de Argentina son de 14 (3°) y 7 (2°), respectivamente-, el más goleador (ocho festejos totales), el de mayor posesión (64,5%) y el que menos jugó en su propio tercio del campo (apenas un 17% del tiempo, con un 48% en el central y un 35% en el contrario), según whoscored.com.

Sin embargo, todos los datos están dados en determinados contextos y, sin restarle méritos a su rendimiento, en este caso fueron favorables para que Brasil los alcanzara. En todos sus partidos se midió con rivales que, en mayor o menor medida, le cedieron la pelota y el protagonismo, lo que le permitió, gracias a su muy buena presión tras pérdida, sostener el dominio y lograr trámites lejos de Alisson.

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Desde el banco, Everton se volvió un recurso importante. Crédito: Miguel Schincariol/AFP.

Además, más allá de los tres anulados ante Venezuela, logró sus tantos en sólo dos duelos: contra Bolivia (tres) y Perú (cinco). Claro que todo esto no opaca las virtudes de los dirigidos por Tite ni establece que no cuentan con herramientas para complicar a la Selección, pero son aspectos que completan las estadísticas.

Everton, uno de los nombres más destacados del torneo, será sin duda una de las principales preocupaciones albicelestes. Cebolinha es quien más ha aportado para que el anfitrión sea el conjunto que más dribles exitosos realiza por partido: de los 19,5 grupales él promedia 4, liderando el rubro en el torneo por delante de Messi (3,3), de acuerdo con whoscored.com. Para Juan Foyth será claramente un desafío más complejo que Darwin Machís, a quien controló bien.

Pero el hombre de Grêmio, que rompe defensas por su talento y su capacidad para salir con total naturalidad hacia adentro para rematar o hacia afuera para asistir, recibe en situaciones favorables para desequilibrar por el trabajo colectivo. Con él abierto para lograr amplitud, algo que perjudicó a David Neres, Brasil es capaz de acumular toques por adentro para liberarlo y generarle el duelo contra el lateral rival.

Eso lo logra con un marcado estilo de juego corto y asociativo que, aunque no favorece a todos sus futbolistas, es su sello: como marca whoscored.com, es el equipo que menos pases largos intenta (33, 10 menos que Japón, el segundo) y el que más envíos cortos concreta (593, 198 más que Argentina, escolta).

Si bien el mencionado extremo del Ajax, Casemiro y Gabriel Jesus, quien entró al once en reemplazo de Richarlison y se ha movido cerca de la banda, no han lucido tan cómodos en sus funciones, la Canarinha ha sabido salir y progresar por adentro y luego abrir para la finalización, sea con un remate o un centro (promedia 24 por juego, máxima en la competencia), como se vio en distintas conquistas.

Crédito de las imágenes: TV Pública y TyC Sports.

Dos hombres importantes en su estructura ofensiva, con distintos roles, son Arthur y Philippe Coutinho: mientras el ex Grêmio se encarga de la distribución y aprovecha su capacidad para juntar marcas para dejar solo a un compañero -promedia 91,7 pases y un 93,1% de efectividad-, el ex Liverpool, sin brillar, asume responsabilidades en la finalización partiendo como mediapunta volcado hacia la izquierda -tiene medias de 4 tiros y 3,3 pases clave (en ambos rubros es segundo en el torneo, detrás de los 4,8 de Luis Suárez y los 3,5 de Aránguiz, respectivamente).

Sin embargo, a Brasil muchas veces le ha faltado un paso intermedio entre los dos hombres del Barcelona, generalmente debido a la actitud del mediocampista central (fuera Casemiro o, como ante Paraguay, Allan), casi desentendido de la salida y sin compensar los retrocesos de Arthur ni aportar para superar la presión. Dani Alves muchas veces contribuyó, alternando ubicaciones internas y externas, pero no fue constante.

La irregularidad de Roberto Firmino, que no ha descollado como en la Premier, también contribuyó. De aportes esporádicos, el entusiasmo inicial de su posible complementación con Richarlison se difuminó por su irregularidad y por la ausencia del jugador del Everton, afectado por un cuadro de paperas.

Aun así, el aporte del ex Hoffenheim puede resultar importante en el clásico, por su inteligencia para retroceder y asociarse y por las dudas que es capaz de causar entre Paredes, seguramente atento a Coutinho, y los centrales para tomarlo. Si consigue recibir con regularidad entre líneas y el espacio que deja es atacado por otros, los ataques peligrosos se multiplicarán.

Para Argentina será muy importante la coordinación del mediocampo -sobre todo al ser angosto, de tres hombres-, ya que deberá tapar correctamente los pasillos internos, idealmente sin descolocarse ni desprotegerse por los pases continuados o la movilidad y las conducciones de Arthur para atraer. Además, Brasil cuenta con grandes rematadores de media distancia, por lo que liberar la frontal puede volverse letal.

Evitar filtraciones implicará basculaciones perfectas ante los cambios de lado y también riesgos por las bandas, ya que los laterales probablemente se enfrentarán a muchos duelos. Por eso, ante los desafíos a Foyth y Nicolás Tagliafico, la ayuda de Rodrigo De Paul y Marcos Acuña, presente contra Venezuela, se volverá clave para evitar inferioridades.

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De Paul, por despliegue y desparpajo, encajó bien en el equipo. Crédito: Pilar Olivares/Reuters.

Otra dificultad para la Albiceleste estará en superar la agresiva presión tras pérdida de la Canarinha. Si bien los de Scaloni han mostrado buena capacidad de contraataques desde los lanzamientos de Paredes y la inteligencia y la pelea de Lautaro Martínez y Serigo Agüero -lo que potenciaría un Messi electrizante y lúcido-, le han faltado recursos para progresar con el balón y Marquinhos, principalmente, y Thiago Silva son buenos en el juego aéreo y saben defender grandes espacios.

Argentina, que se perfila para repetir once inicial, tendrá diferentes vías para lastimar. Si logra superioridades en el mediocampo, como planteó el entrenador, y neutralizar o volver lenta la circulación de los de Tite, la Selección seguramente conseguirá una posesión rival inofensiva o al menos no tan eficaz para crear situaciones favorables por afuera, más allá de que los locales sean capaz de escurrirse entre varios jugadores por gambeta individual o asociaciones en velocidad.

Eso aparece como una tarea difícil en el caso de mantener el tridente ofensivo, a pesar de que dará otras ventajas. Con ellos es posible que el conjunto albiceleste sea capaz de contener a Casemiro y retener a un lateral (aunque Filipe Luis, en duda, circunstancialmente se ha ubicado como un central más, lo que genera superioridades numéricas defensivas) o atacar sus espaldas. Pero Lautaro y Agüero también deberán implicarse en defensa, tanto para iniciar la presión como para dificultarle la distribución a Arthur.

Asimismo, la banda izquierda surge como un factor importante para el desnivel argentino. Además de que Alves nunca sobresalió por su rendimiento defensivo y de que Gabriel Jesus (posible extremo derecho) no siente el retroceso, el tándem formado por Tagliafico, de pocas proyecciones, y Acuña ha funcionado.

Ante Venezuela, el volante del Sporting fue una ruta de escape por arriba y una alternativa para profundizar, aparte de su pegada y sus centros punzantes. Si Messi rinde en plenitud y consigue ser ubicado en tres cuartos, sus clásicos pases largos hacia la izquierda pueden ser muy útiles.

Como última vía ofensiva considerable -aunque en el partido cambien los planes y aparezcan más- se presenta un recurso que Argentina no ha aprovechado mucho en los últimos años, pero que en esta Copa América ha lucido, al menos por momentos: la pelota parada.

En cuartos, frente a un arquero que había exhibido dificultades en las salidas, como Wuilker Fariñez, los córners fueron ejecutados con peligro a la zona del primer palo y favorables a quienes llegaban. La Selección ganó varias veces, entre las que se destaca la del primer gol, generado desde un tiro de esquina.

Brasil se dispone de manera mixta, con preponderancia de una marca zonal cerca del área chica y seguimientos puntales a los cabeceadores más peligrosos. Tite adoptó ese método del Manchester City, algo que Vincent Kompany aprovechó para abrir el marcador en el duelo de cuartos de final del Mundial. El central, habituado al sistema en su club, partió a la altura del punto del penal y picó hacia el poste cercano al ejecutante (Nacer Chadli) para peinar un balón que se desvió en Fernandinho y venció a Alisson.

“Copian exactamente lo que hacemos en el City, así que sabía sus debilidades -aseguró el central en el medio belga RTBF. Si miran las imágenes, hago una carrera que corta las dos líneas y nadie de la primera, donde están dedicados a despejar la pelota, me vio llegar”.

A pesar de que la defensa brasileña por momentos ahora dispone una fila más larga en vez de dos, Nicolás Otamendi y Agüero, inteligentes y de buena capacidad para saltar y cabecear, conocen la disposición y son capaces de protagonizar un relato similar. Además, éste es un camino factible para superar una valla prácticamente imbatible: dos de los tres goles que recibió Brasil en Rusia 2018 -se suma el de Steven Zuber, quien también ganó en una zona similar- llegaron tras envíos desde el rincón.

Por otro lado, al tratarse de un clásico y, sobre todo, de una semifinal, lo mental influirá tanto como la táctica y la estrategia. No sólo será importante por lo tensos o liberados que jueguen los 22, sino también por la capacidad que muestre cada uno para abstraerse de la presión y ejecutar los planes y los gestos técnicos con lucidez, precisión e inteligencia.

Los locales presentarán futbolistas de más experiencia en el seleccionado, pero puede que aparezcan ansiedades o incomodidades si el público manifiesta impaciencia o si se ven en desventaja. Argentina aprovechó pasajes iniciales favorables para convertir rápidamente contra Catar y Venezuela, lo que posiblemente tenga un efecto más fuerte en esta semifinal de repetirse.

Todo eso estará en juego en el Mineirao, donde desde el pitazo inicial todo podrá suceder. La Selección se ilusiona con una tercera definición de Copa América consecutiva, lo cual, con todas las limitaciones y complicaciones previas, refleja uno de los grandes atractivos del fútbol: su desafío a la lógica y sus sueños ilimitados.

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