Argentina creció desde certezas y complementos

Con varios puntos altos y un Messi en segundo plano, la Selección jugó un partido correcto y derrotó por 2-0 a Venezuela. Sin ser excelente, redondeó su mejor actuación de la Copa América e irá por la final ante Brasil.

Si en un conjunto no siempre tienen que jugar los mejores, sino los más compatibles y los que más pueden potenciarse, Argentina es un ejemplo claro. De crecimiento paulatino durante la Copa América, encontró su mejor versión a partir de algunas certezas y buenos acoples, sin dos de los cinco nombres que más se destacaron en la temporada: Ángel Di María y Giovani Lo Celso.

“No necesitamos que todos los futbolistas jueguen bien, necesitamos que sepan jugar en equipo. Vamos a juntar jugadores que jueguen bien, sí, pero con la idea de que puedan ser compatibles”, aseguró recientemente Diego Simeone en una entrevista en LA NACIÓN, en una frase que apunta en esa dirección. Si bien fue sólo un partido, deberá sostenerlo en el tiempo y no brilló, Argentina parece haber encontrado esa armonía entre sus piezas.

Más allá de las lecturas deficientes a lo largo de su ciclo, Lionel Scaloni captó las señales positivas dejadas por los distintos cambios y ratificó a Rodrigo De Paul y Marcos Acuña, de ingresos beneficiosos para el conjunto contra Colombia y Catar, respectivamente, y a la dupla Lautaro Martínez-Sergio Agüero. Con complementos en distintos sectores del campo y contextos más favorables para las individualidades, la Selección logró su rendimiento más parejo sin la necesidad de un Lionel Messi descollante.

Aparte de su importancia para tener presencia entre los centrales, la doble punta ayuda a contar con más jugadores en el tercio final y así evitar desventajas tan marcadas como las que se vieron en las dos primeras fechas. Para un equipo que tiene problemas para salir desde atrás y generar superioridades desde la pelota, esto es una gran ayuda.

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Argentina redondeó una buena actuación colectiva y festejó. Crédito: EFE.

Además, la mayor cantidad de opciones en campo rival favorece notablemente a un Leandro Paredes que aumenta su influencia con más líneas de pase por delante. Cuando se le presentan alternativas de descarga entre líneas y contra la última línea, el del PSG, un mediocampista de gran pegada, luce su excelente capacidad como pasador.

Frente a Venezuela, el conjunto albiceleste aprovechó el peso de los dos centrodelanteros con muchos ataques generados desde el juego directo y vertical. Tanto por la astucia y energía de ambos para imponerse ante los centrales por arriba como por contras precisas, Argentina fue más peligrosa en los avances rápidos que en los estacionados y progresivos.

La presión -sobre todo tras pérdida, que se ha ejecutado bien en diversos pasajes de la Copa América- fue el detonante ideal para las transiciones, aunque no fue constante. Pero la buena noticia fue que, al contrario de encuentros anteriores, la Selección no sufrió demasiado al defenderse en su campo.

Con recorrido y solidaridad en Rodrigo De Paul y Marcos Acuña, los espacios se ocuparon mejor, las basculaciones fueron correctas y los defensores se enfrentaron a pocas inferioridades numéricas o posicionales. Si bien las bandas por momentos quedaron liberadas, los dos se desdoblaron para aportar en ataque (el del Udinese, criterio y movilidad; el del Sporting, profundidad por izquierda y salida en largo) y también ayudar a Paredes y a los laterales.

Al controlar a los lanzadores y las posibles descargas de segunda línea de Salomón Rondón durante mucho tiempo, una de las principales vías ofensivas de los dirigidos por Rafael Dudamel fue neutralizada. Sumada la solidez en los duelos individuales de Juan Foyth (ganó siete y perdió seis y seis de sus siete entradas fueron exitosas), que corrigió el déficit por derecha -aunque Renzo Saravia y Milton Casco jugaron más desprotegidos-, el equipo sufrió poco.

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Solidario y de pinceladas esporádicas, Messi no ha mostrado su mejor versión. Crédito: Reuters.

Los 15 o 20 minutos del segundo tiempo en los que los de Scaloni estuvieron más estáticos animaron a una Venezuela que se adelantó y se plantó en campo contrario, pero que no encontró claridad y sólo supo crear una chance clara. Ahí apareció Franco Armani, que rechazó el remate de Ronald Hernández con la misma seguridad que mostró para controlar el área.

Más allá de los distintos complementos y de los ajustes defensivos, Argentina todavía tiene margen para crecer. Con un Messi hasta ahora discreto, de aportes puntuales y esporádicos, como algunos buenos pases que dejó en el Maracaná, una mejora en su nivel es capaz de elevar sustancialmente los rendimientos colectivos. Él tiene cómo agregarles peligro y continuidad a los ataques, además de los caminos que abren su pegada y su gambeta cuando consigue precisión y finura.

Por otro lado, la inconsistencia y los espacios interiores y entre líneas -que aparecen al corregir por afuera y con el desgaste que implica- son problemas que la Selección puede padecer, como el martes ante Brasil. Aunque en el Maracaná no se trasladó a un asedio, en todos los encuentros ha tenido pasajes de mermas pronunciadas que agrandan al rival y también ha dejado algunas grietas que los de Dudamel no lograron capitalizar.

Aplicada y correcta, la Selección jugó su mejor partido de la Copa América. Con algunas certezas y complementos, el desafío ahora pasa por la continuidad.

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