Argentina debutó como un equipo “ni”

No presionó ni replegó, no achicó hacia atrás ni hacia adelante y no lastimó de contra ni salió bien: Argentina mejoró un poco en los 45′ finales, pero jugó mal y perdió (2-0) ante Colombia en el inicio de la Copa América.

Entre dudas previas sobre un rótulo de candidato en esta Copa América 2019 que sólo se sostenía por la presencia de Lionel Messi y otros pocos nombres más de jerarquía y no desde un proceso y un rendimiento colectivo, la Selección Argentina se instaló en Salvador de Bahía con un camino asemejado a sus últimos años: tumultuoso, con cambios imprevistos y sin cimientos firmes. Así, indefinida, jugó por debajo de sus capacidades.

Aun con el lastre de errores pasados, el rendimiento que el equipo de Lionel Scaloni podía ofrecer en el debut frente a Colombia era mayor del que fue. Si bien varias de las fallas que se dieron, sobre todo para superar la presión rival, ya se habían visto con anterioridad -especialmente contra Venezuela, en el amistoso de marzo, y Nicaragua, en el último encuentro antes del viaje a Brasil-, la evidencia de los inconvenientes sin estar en competencia y las características de los jugadores hacían pensar que podía haber un cambio que no llegó.

La estructura del equipo no sólo no cumplió su objetivo de potenciar y favorecer a los jugadores, sino que los limitó e incomodó. Lejos de lo que están acostumbrados a hacer en sus clubes y de sus mejores funciones, quedaron reducidos, con el agregado de un evidente problema colectivo, a su mínima expresión. Partiendo de la salida y el trabajo en posesión, todo funcionó a contramano para Argentina.

En el repaso individual, Nicolás Otamendi cuenta con múltiples líneas de descarga en el Manchester City y, más la temporada pasada que ésta, mostró que tiene un buen pase vertical y también la capacidad para conducir, atraer un rival y habilitar al hombre libre. Con pocas opciones por delante y muchas hacia los costados, debió caer en pases intrascendentes o inútiles envíos largos.

Por su parte, las virtudes de Germán Pezzella están más relacionadas con la recuperación desde la ubicación y la solidez individual -algo que tampoco lució en el Arena Fonte Nova-, pero no es un negado con el balón y quedó atrapado en un idéntico laberinto.

En Racing y en el Ajax, respectivamente, Renzo Saravia y Nicolás Tagliafico son quienes generalmente dan amplitud y buscan estirar a la defensa mientras uno de los mediocampistas se retrasa para proteger al conjunto en caso de una contra y los volantes ofensivos y los delanteros se mueven por adentro para generar sociedades. En contraste, contra Colombia estuvieron contenidos (aunque el ex Banfield en el segundo tiempo lanzó buenas diagonales hacia adentro), se pararon muy atrás y no fueron alternativas para superar la presión.

 

Los toques de Saravia contra Colombia y Colón, respectivamente. Crédito: whoscored.com

 

Los toques de Tagliafico contra Colombia y el Real Madrid, respectivamente. Crédito: whoscored.com

Además de superponerse, Guido Rodríguez y Leandro Paredes, dos mediocentros de buen pase, sufrieron la falta de opciones para verticalizar y se repitieron en toques laterales o para atrás. En su club, cada uno suele jugar liberado, sin compartir mucho la responsabilidad del primer envío y con varios compañeros por delante, tanto en las bandas como en el medio. El del PSG mostró algo de lo que puede generar su buena pegada -de media distancia y con pases largos, como unos precisos cambios de frente que ejecutó-, lo que podría aprovechar más si contara con diversos posibles receptores.

De Giovani Lo Celso es conocido que su fútbol se expresa mejor por el centro -más llegando hacia las zonas de tres cuartos o el mediocampo que estando en ellas- y con libertades para moverse. En el Betis incluso jugó como delantero, pero la importancia no pasa tanto por el puesto como por la función: bajo las órdenes de Quique Setién actuó como un nexo con los atacantes, contribuyó a realizar la transición hacia el último tercio del campo y pisó regularmente las cercanías del área para convertir o asistir.

Es algo que también puede hacer desde la derecha, donde jugó frente a Colombia, pero si la banda es un punto de partida para que realice diagonales hacia adentro y no un sector en el que quede encerrado y, sobre todo, deba desgastarse excesivamente. A eso se sumó, de nuevo, la falta de opciones para jugar, que contra el equipo de Carlos Queiroz (que entendió cómo limitar aún más a Argentina y aprovechar sus falencias) lo llevaron a conducciones aisladas.

 

Los toques de Lo Celso contra Colombia y el Real Madrid, respectivamente. Credito: whoscored.com

Del otro lado, Ángel Di María padeció una situación similar. Aunque estuvo impreciso y le faltó algo de movilidad, tanto para realizar desmarques profundos como para intentar abrir un hueco entre él y Stefan Medina y así recibir en mejores condiciones, jugar tan pegado a la línea lo limitó e incomodó. Tras haber completado una de sus mejores temporadas en el PSG en un rol más interior (hasta formó una doble punta con Kylian Mbappé, en uno de sus partidos más destacados, contra el Marsella), con presencia entre líneas y licencias para aparecer por distintos lugares del frente de ataque, en Brasil su contexto fue totalmente distinto.

Su papel en Francia, aparte de darle más terreno para moverse y desmarcarse, lo libera de la raya -un factor que lo entorpece, sobre todo si busca salir hacia su pierna hábil, ya que se encuentra con el marcador de frente. También cuenta con compañeros cerca, que le dan alternativas de descarga y preocupan a los defensores (los carrileros dan amplitud y usualmente hay otras dos opciones más por adentro), lo que le permite tener espacios para controlar y jugar.

Si bien la ubicación de Di María se puede entender desde la necesidad de tener profundidad, ya no es el extremo de impresionante dinámica y carreras largas constantes, algo lógico por el paso del tiempo. Es capaz de aportarlo, aunque en su club lo hizo, lógicamente, mayormente arrancando desde adentro.

 

Los toques de Di María contra Colombia y el Man. United, respectivamente. Crédito: whoscored.com.

En el caso de Lionel Messi, definir su rol en esta campaña del Barcelona no resulta sencillo. Muchas veces cumplió demasiadas funciones, pero Arthur ayudó a llevarle la pelota y con Jordi Alba -más el movimiento del extremo hacia adentro para liberar el carril, algo que no pasó en Argentina para que intentara conectarse con Tagliafico, a quien encontró por adentro en pocas ocasiones- formó una dupla letal.

En todos sus partidos en el ciclo de Scaloni, el capitán argentino fue la única opción entre líneas y para recibir debió retrasarse o salir de la zona en la que más daño hace. Con poca compañía para poder tirar una pared o tener a alguien que le arrastre una marca, el mediocampo de Colombia, con un Wilmar Barrios en un gran nivel, lo absorbió y presionó fácilmente. Sin ninguna alternativa o distracción cerca, las marcas se centraron en él.

El último caso del once es el de Sergio Agüero, un centrodelantero al que le gusta salir y sumarse a los circuitos ofensivos que abundan en el Manchester City. Con mediocampistas de buen pie, extremos desequilibrantes y movimientos aceitados, el Kun se retrasa para asociarse y luego ataca el área magistralmente. Con toda su capacidad rematadora y lo bien que profundiza el equipo por los costados, varias de sus conquistas las logró cerca del arco.

Aunque le faltó movilidad, sobre todo lanzar desmarques profundos para llevar a la defensa hacia atrás y generar espacio entre líneas (algo que, igualmente, no es muy usual en él, pero puede realizar), también fue una víctima de la estructura colectiva. Muchas veces fue buscado con pases largos que, más allá de su buen juego aéreo, disputaba en inferioridad ante Yerry Mina y Davinson Sánchez.

 

Los toques de Agüero contra Colombia y el Man. United, respectivamente. Crédito: whoscored.com

Además, en caso de poder capturar el balón luego de un duelo aéreo, tanto en el caso de Agüero como de los extremos, la Selección no estaba preparada para ganar la segunda pelota: con jugadores muy atrás, el destinatario quedaba aislado y en inferioridad numérica ante defensores que recuperaban fácilmente.

Desde una excesiva cantidad de hombres delante de la presión, una mala ocupación de los espacios internos y un parado largo y ancho, la Selección cayó en pases laterales y hacia atrás por la inoperancia de su estructura colectiva. Con pocos jugadores, Colombia neutralizaba a varios argentinos.

Si bien el doble 5 fue un problema importante al ubicarse en línea y no romper hacia adelante, el resto del equipo podía compensarlo. Pero acumular a los futbolistas en campo propio y separar a los hombres ofensivos hizo que esa falla afectara a todo el engranaje y resultara un estorbo imposible de superar.

Brasil, por ejemplo, en su debut contra Bolivia alineó a Casemiro y Fernandinho y también sufrió inconvenientes, ya que, a pesar de su agresividad en la presión tras pérdida, no se complementaron ni generaron ventajas con el balón y muchas veces pisaron zonas que les son incómodas. Pero el anfitrión lo compensó con sus otras piezas: Dani Alves y Filipe Luis, quien también actuó como tercer central circunstancial y lanzó precisos pases entre líneas, pasaron al ataque con regularidad y por adentro juntó a Coutinho con los intercambios de Richarlison y Roberto Firmino, quienes alternaron bien entre el carril derecho y el central.

El equipo de Scaloni no intentó suplir ese error con otros componentes y lo padeció. En algunos casos faltó movilidad para, por lo menos, intentar cambiar desde ahí un plan inicial estancado y tratar de salir de una situación de encierro, pero el mal parado afectó a las individualidades y al conjunto, aunque Argentina mejoró un poco en el segundo tiempo: con un buen ingreso de Rodrigo De Paul, dinámico y decidido para intentar, un Paredes apenas más adelantado y una circulación ligeramente más rápida, la Selección logró acercarse al arco de David Ospina.

Más allá de deficiencias tácticas y estratégicas y el nivel un poco más alto tras el entretiempo, el conjunto albiceleste demostró que hay dos cosas que se mantienen inalterables en este último tiempo: la fragilidad mental, expresada en la incapacidad para reaccionar tras sufrir un revés, y la “mala suerte” de encajar goles cuando mejor está en el partido y logra controlarlo, como había sufrido ante Croacia (el 0-1 llegó inmediatamente después de una ocasión de Agüero) y Francia (el 2-1 duró poco y el equipo prácticamente no pudo acomodarse tras ponerse en ventaja).

Messi participó mucho, pero aislado y en zonas improductivas. Crédito: AP.

Como las facetas del juego están relacionadas, los inconvenientes con la pelota se trasladaron a la recuperación y se potenciaron entre sí, como también se notó una mejora en la presión en los 45 minutos finales desde los ajustes de actitud y en la posesión. Al estar estirado, separado y muy atrás, el equipo no quedaba en una buena posición para presionar cuando perdía la pelota.

Sin la posibilidad de asfixiar rápidamente con tres o cuatro hombres, sumado a delanteros de esfuerzos más puntuales que continuados, recuperar arriba era muy difícil. Volver a tener la pelota en una situación ventajosa para un contraataque fue complicado y causó una repetición de las falencias con la pelota, pero los problemas no terminaron ahí.

Argentina tampoco achicó espacios hacia atrás, sino que entre las dos líneas de cuatro hubo bastantes espacios y eso llevó a seguidas situaciones de desventaja. Además, se agregaron errores de ubicación, malas lecturas sobre cuándo y cómo buscar el robo y errores en transición, con mucho campo para que Colombia lastimara (como en el gol de Roger Martínez, quien quedó aislado contra Saravia), sobre todo por izquierda.

El cambio colectivo de la segunda mitad, con líneas más adelantadas, jugadores más cercanos a las zonas de pérdida y menos pelotazos, benefició la faceta defensiva al llevar a robos más arriba. No se pudo traducir al resultado a pesar de las pocas situaciones generadas, pero seguramente sea un punto de partida para Scaloni de cara al partido contra Paraguay.

El debut oficial de Scaloni resultó en un paso en falso, pero dijo que sabe qué cambiar. Crédito: AP.

“Tuvimos nuestras chances después del entretiempo, estábamos manejando el partido y recuperábamos rápido. Ése es el camino y hay que mantenerlo contra Paraguay”, señaló Messi después del encuentro, y por ahí pasa la posibilidad de que Argentina muestre otra imagen en la segunda fecha, que se disputará el miércoles.

El mismo camino que el capitán recorrió el entrenador, quien aseguró: “El segundo tiempo del equipo fue muy bueno. Soportamos la presión de Colombia generando situaciones. El gol fue de contragolpe. Las cosas que hay que corregir ya las tenemos anotadas”.

Habrá que ver si las señales que dejó el debut son recibidas y utilizadas para un cambio o si falla la conexión y, como en ocasiones anteriores, se repiten errores.

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