Argentina se despidió con decoro y el deber de trabajar

La Selección intentó y complicó desde efímeros buenos pasajes, pero sufrió viejos problemas y el talento de Brasil y perdió por 2-0. Cayó con la cabeza en alto y dejó señales positivas, aunque tiene mucho que revisar.

De Kazán a Belo Horizonte, Argentina experimentó un viaje que alternó turbulencias con períodos de estabilidad e ilusión y conectó dos eliminaciones de distinto carácter, pero igual conclusión: la necesidad de trabajar colectivamente y con sapiencia, seguridad y planificación a mediano y largo plazo en la construcción y consolidación de un equipo.

La estrepitosa caída en Rusia dejó un revuelo que la designación de Lionel Scaloni inicialmente apaciguó desde la renovación -quizás excesiva- y la transmisión de un mensaje de identificación con la Selección. Más allá de las conclusiones favorables que deja la Copa América, sobre todo por los aciertos individuales, se vio un conjunto armado sobre la marcha que creció con el correr de los partidos, pero evidenció diversos errores.

La salida del campo con la frente en alto y la imagen dejada en el torneo marcan puntos positivos y contrastan con las miradas perdidas y las caras largas que se multiplicaron tras la caída con Francia. Sin embargo, quedarse en el arbitraje -polémico y, cuanto menos, de criterios y procedimientos cuestionables- sería como perder la mirada en una estrella fugaz y descuidar un entorno que reclama capacidad, herramientas y continuidad para crecer, lejos de conductores e ideas descartables.

Como las estelas en el cielo, los pasajes decididamente favorables a Argentina en esta Copa América fueron momentáneos. En el Mineirao, cuatro de sus 14 tiros llegaron entre el minuto 27 y el 38 -con un cabezazo de Sergio Agüero, similar al de la final de 2016 rechazado por Claudio Bravo, que estuvo muy cerca de entrar- y otros cuatro en la muy buena racha entre el 50 y el 57 -con las ocasiones en buenas posiciones de Lionel Messi y Rodrigo De Paul. Ante Venezuela, ocho de los 17 remates fueron entre el inicio del juego y los 12′.

Dani Alves, de 36 años, fue la figura de Brasil en el triunfo ante la Argentina en semifinales de la Copa América (AP)

Dani Alves mostró su eterna calidad e hizo sufrir a Argentina con su show ofensivo. Crédito: AP.

Desde ráfagas de inspiración y el peso de los delanteros, la Selección se acercó a Alisson sin poder doblegarlo, algo usual para un arquero que esta temporada mantuvo su arco en cero en 32 de 56 partidos. Al no lograr recuperar en situaciones favorables para contraatacar, la Selección no pudo buscar el juego directo y vertical que le dio resultados en cuartos y luego, con el 0-1, se vio obligada a intentar doblegar el bloque brasileño con ventajas generadas desde atrás, un problema a lo largo de todo el certamen.

Las ocasiones claras desde el juego llegaron a partir del liderazgo del capitán, que se mostró activo, desequilibrante y lúcido, y buenos apoyos de Lautaro Martínez y, en menor medida, Agüero, además del gran remate de media distancia de Leandro Paredes aprovechando que Brasil tenía 10 jugadores en cancha. Por momentos, la atracción que causó Messi generó espacios entre líneas que los dos delanteros y, por tramos, un De Paul que creció con el correr del encuentro aprovecharon a medias.

Fuera de eso, la Albiceleste padeció los viejos problemas para construir desde atrás: con laterales contenidos, salvo por alguna escalada puntual de Nicolás Tagliafico -que no exhibió su mejor versión-, acumuló muchos hombres delante de la presión rival y cayó reiteradamente en pases entre los centrales y el mediocentro. Sumado un Marcos Acuña que no consiguió profundizar y cuando fue hacia adentro recibió mal perfilado y de espaldas al arco, los caminos para encontrar espacios se encontraron bastantes obstáculos.

Así, muchas de las situaciones llegaron luego de recuperaciones en campo contrario que se vieron facilitadas por una defensa adelantada, sobre todo con un Nicolás Otamendi que en los primeros 20′ del segundo tiempo sostuvo al equipo tanto al anticipar como al no dejar girar a Roberto Firmino. Con maniobras en espacios reducidos de los dos puntas y asociaciones entre el tridente, Argentina se enfrentó a Alisson sin poder superarlo.

Messi tuvo chispa y jugó su mejor partido, pero el palo y Alisson le negaron el gol. Crédito: EFE.

Ese lapso de presión en bloque en campo contrario fue el mejor pasaje defensivo de la Selección. En el primer tiempo también se defendió bien hasta que el gol, que incluyó salidas individuales y duelos perdidos, causó desajustes. En ese tiempo sostuvo la buena ocupación de espacios en defensa que había mostrado ante Venezuela, con basculaciones ordenadas y correctas. Después, ante el retroceso de una Brasil que cedió la pelota, se estiró y dejó espacios.

Los de Scaloni compitieron bien, mostraron personalidad e insistieron en la búsqueda de un tanto que no llegó. Aun así, el partido ratifica la valoración de Lautaro, Paredes, De Paul y Juan Foyth -se mostró firme en defensa, con apenas cuatro duelos de 13 perdidos y tres de tres entradas exitosas; anuló al peligroso Everton y cometió pocos errores- que sumaron experiencia muy valiosa con la camiseta albiceleste y lucieron capacidades para ser los cimientos del futuro cercano.

Con una generación histórica que de a poco llega a su fin y ya no podrá maquillar errores estructurales, será más imperioso que nunca crear un contexto para potenciar a quienes se queden y a los que lleguen próximamente. Se necesita definir una línea, elegir candidatos idóneos para aplicarla y no cambiar ante el primer tropiezo o frente a las primeras dudas.

Después de las señales positivas, para volver a ser un seleccionado de primer nivel Argentina necesita planificación, sabiduría y, como dijo Tagliafico en TyC Sports, trabajo en conjunto.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *