Argentina y la búsqueda del equilibrio en la inestabilidad

Entre vaivenes constantes que niegan continuidad, la Selección afronta los partidos insegura e impaciente. Tras el 1-1 ante Paraguay, el arduo desafío es armar un conjunto balanceado en un contexto muy adverso. 

“Hay que buscar un equipo equilibrado”, coincidieron Lionel Scaloni y Lionel Messi después de la igualdad por 1-1 frente a Paraguay que tiene a Argentina en una situación complicada de cara a su último partido en el grupo B de la Copa América. Para un conjunto desbalanceado por todos lados, encontrar la estabilidad se vuelve una tarea titánica.

Con una dirigencia que crea un bache atrás de otro y cambia permanentemente de guía, un cuerpo técnico con una hoja de ruta tan endeble como difusa y jugadores -en general, de menor jerarquía a sus antecesores- agobiados mentalmente y lejos de su mejor versión, la Selección recorre un camino estrecho mientras hace equilibrio para no caer en un pozo rocoso y áspero que ya le generó más de un raspón. Del otro lado espera una ansiada consagración, vista de cerca tres veces en tres años, que ahora se torna casi inalcanzable mientras la continuidad falta y los vaivenes sobran.

A medida que se buscan soluciones inmediatas y curas temporales e improvisadas, los rasguños y el desgaste se acumulan y la impotencia aumenta. Ante una mochila que suma y suma peso, la figura colectiva, determinante como en cualquier deporte grupal, del equipo albiceleste se empequeñece de a poco y avanza cada vez con más dudas por ese sendero irregular. Argentina se levanta y, persistente, lo vuelve a intentar, con la ilusión intacta de soportar complicaciones y ver si logra cruzar.

Lo ejemplifica Messi, el líder y uno de los pocos motivos por los que se especuló con un papel de candidato injustificable desde la falta de un trabajo continuado, que también parece sentir el desgaste de los tropezones. En cada toque ilusiona con cambiar el panorama y deja pinceladas de su magia, pero aislarlo en un equipo desdibujado y desorientado lo neutraliza tanto como el mejor planteo rival y así termina en una versión casi desangelada y apagada.

En una estructura indefinida, a Messi le cuesta brillar. Crédito: Juano Tesone/Clarín.

Contra Paraguay, los cambios implicaron que el capitán arrancara abierto por derecha, con escasa libertad para moverse y enfocado en el duelo contra Santiago Arzamendia, pero no terminó de encontrar situaciones para jugar el uno contra uno y por momentos terminó separado del resto: en los 10′ iniciales, favorables a la Selección, fue el segundo jugador de campo, junto con Roberto Pereyra, que menos intervino (seis veces, dos menos que Lautaro Martínez).

En ese lapso, las modificaciones iniciales de Scaloni les dieron otro ritmo futbolístico a sus dirigidos, que lograron amenazar varias veces, pero sin una profundidad que se trasladara a situaciones. Leandro Paredes, con libertades al no compartir el primer pase, distribuyó con criterio hasta que lo tomó Miguel Almirón. La movilidad de Rodrigo De Paul y la cercanía de Giovani Lo Celso, cuando despegó y fue hacia adelante, generaron asociaciones interesantes por izquierda, más allá de las imprecisiones del hombre del Betis (en el primer tiempo, completó apenas el 65% de sus pases, con 15 de 23, y perdió tres pelotas).

Sin embargo, neutralizado el mediocampista central, gestor de los avances, el conjunto argentino volvió a la incomodidad y a la indefinición característica de estos primeros 180′ de Copa América: por momentos, pareciera que Argentina se pasa la pelota sin saber qué hacer, sin tener claro cómo lastimar al rival. Mientras acumula jugadores muy atrás, con laterales que no terminan de progresar y ser una opción para romper por afuera, en defensa se repiten las dudas.

Si no logra recuperar rápido con la presión tras pérdida, que por momentos ha funcionado bien, la Selección no consigue achicar espacios ni hacia atrás ni hacia adelante, suele estirarse y dejar espacios entre líneas y además sufre errores de lectura -Nicolás Otamendi, hasta acá, mostró un rendimiento lejano a su mejor versión. Sin una estructura firme ni un especialista que maquille las falencias colectivas, recuperar es difícil.

Ante una posesión intrascendente, desde el banco volvió a llegar una buena modificación con el ingreso de Sergio Agüero, que le dio más peso ofensivo a la Selección y llevó a Paraguay hacia atrás frente a una mayor amenaza. Con dos delanteros, el conjunto albiceleste sumó alternativas en ataque y al menos evitó quedar en inferioridades numéricas y posicionales tan marcadas.

Sin embargo, combinada la falta de trabajo con un mediocampo de tres piezas sin tanta dinámica ni recorrido, las bandas quedaron despobladas, cada pérdida implicó una contra peligrosa y Scaloni reacomodó las piezas. Lejos de afinar esa versión mejorada, se volvió a una disposición estirada, larga y que no proporcionaba ventajas.

Hasta acá, Argentina dejó una imagen fría e irregular en Copa América. Crédito: AFP.

La impaciencia y la verticalidad acentuaron los problemas para generar superioridades desde la pelota: Argentina es un equipo que no distrae, que no suma pases para liberar un costado y que por momentos ocupa mal los espacios, lo cual, en lo global, se traslada a avanzar sin claridad y más desde intentos individuales que colectivos.

Esta falencia choca con la necesidad que tiene la Selección de superar rivales que ceden la posesión y se retrasan para cortar caminos, como Colombia y Paraguay. Ante una certeza casi total desde la previa de que cederían terreno, los mecanismos y los movimientos trabajados, recursos indispensables para poder superar a los oponentes, tendrían que haberse visto con continuidad. Al no existir esas herramientas, se cayó, lógicamente, en un conjunto carente de agresividad y desorientado cuando el viento sopla en contra.

Si a eso se suma el desgaste mental sufrido por los futbolistas, que afecta a todos sin importar su cantidad de partidos, la sensación es que no tienen de dónde agarrarse durante los encuentros. Sin la capacidad de amortiguar el efecto de los golpes ni de prolongar demasiado los buenos momentos, la indefinición no ayuda a soportar los malos pasajes y aumenta las consecuencias negativas.

Pero Argentina, más allá de que por su rendimiento ha construido un panorama desalentador, aún tiene chances de avanzar y llegar lejos en la Copa América. Para eso deberá mejorar notablemente y, ante una Catar que probablemente apueste por juntar líneas y ocupar bien los espacios, descubrir cómo generar ocasiones ante una defensa cerrada sin sufrir en cada réplica. Contra eso, además, habrá que controlar la impaciencia que tanto lastima un conjunto y que, como reconoció Scaloni, el albiceleste padeció frente a Paraguay.

Dentro de todo ese contexto, agitado y con una marcada inestabilidad propiciada por vaivenes dirigenciales y estratégicos, la Selección irá en busca de otra solución temporal para prolongar su campaña en Brasil. Encontrar un equilibrio en el terreno de juego que afuera no hay ni por asomo es un desafío tan conveniente como demandante y complicado.

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