De Paul: despliegue y desfachatez al servicio del equipo

Uno de los motivos de la mejora argentina a lo largo de la Copa América, entró y jugó sin complejos. Aportó en distintos aspectos y mostró una polifuncionalidad agradecida por cualquier conjunto.

De llegar como alternativa y ser una opción para cambiar trámites desde el banco a ser una pieza fija en el once y ayudar a tapar huecos, Rodrigo De Paul terminó la Copa América 2019 como uno de los puntos destacados de la Selección. Después de su buena temporada en el Udinese, contribuyó en diversos rubros y salió de Brasil con un balance positivo.

Luego de haber actuado por afuera y cerca de la línea contra Colombia y Paraguay, el mediocampista de 25 años se ganó un lugar como un volante mixto de ayuda constante. Con un gran despliegue, combinó su técnica con un recorrido que le permitió volverse casi omnipresente y participar en varios aspectos del juego.

Los principales beneficiados fueron Leandro Paredes y Juan Foyth, ya que el ex Racing se sumó a las tareas defensivas con un compromiso que les disminuyó las exigencias. Tanto al cerrarse y escoltar al mediocentro como al permanecer abierto y doblar la marca sobre el extremo o tomar al lateral, intervino en la neutralización de varios avances oponentes.

Si bien en las dos primeras fechas falló en los goles de Roger Martínez y Richard Sánchez -al no apretar al lanzador y al liberar al llegador, respectivamente-, contra Catar y, sobre todo, Venezuela se destacó en este apartado. Con actitud y concentración, ocupó bien los espacios y su colaboración fue importante para que Argentina, en especial en cuartos, sufriera poco.

Rodrigo de Paul, una de las figuras del triunfo argentino ante Venezuela (REUTERS/Pilar Olivares)

Ante Venezuela mostró su mejor versión y fue una de las figuras. Crédito: REUTERS/Pilar Olivares.

Pero sus aportes no terminaron ahí, porque también sumó en el plano ofensivo, su especialidad. Con movilidad y predisposición, De Paul participó activamente de los ataques y fue una alternativa frecuente en la gestación y en la finalización.

Aunque en las salidas no tuvo una gran injerencia -además, a la Selección le costó generar ventajas desde atrás durante todo el certamen-, realizó conducciones para escapar de la presión y llevar la posesión hacia adelante. Si bien en algunas acciones retrocedió demasiado, generalmente se posicionó correctamente para darles utilidad a las bandas y ayudar en la progresión.

Su manejo y su buena capacidad de arranque le permitieron ganar metros y llevar el balón al tercio final varias veces. Además, con su uno contra uno les dio profundidad a diversos ataques, tanto cuando partió por afuera como cuando lo hizo por adentro.

Sus terminaciones no siempre llegaron a buen puerto, pero sus búsquedas fueron correctas con consistencia. Desde sus pases finales detrás de la defensa encontró diagonales de Sergio Agüero y Lautaro Martínez, aunque sus remates y sus centros no resultaron tan efectivos.

A pesar de su gusto por ofrecerse pegado a la banda -lo que por derecha puede ser improductivo con un lateral de mayor recorrido y proyecciones más frecuentes, al tapar una línea de pase-, el ex Racing también supo ser una opción por adentro: intercambió su lugar con Lionel Messi cuando el capitán se abrió y mostró un buen juego interno, con varias asociaciones e interesantes descargas de primera.

Dinámico y desfachatado, el hombre del Udinese aportó un atrevimiento y una polifuncionalidad que Argentina necesitó y aceptó con los brazos abiertos. Tanto si Lionel Scaloni decide mantener el rombo en el medio y la doble punta como si opta por volver a una disposición con jugadores externos, el mediocampista posee una variedad de aportes que lo convierten en un jugador difícil de prescindir.

Con desequilibrio individual, capacidad para asociarse y un despliegue importante, De Paul asoma como una fija en el panorama futuro de la Selección.

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