Dejar todo para el final: Argentina y su versión estudiantil

Como quien posterga tareas y objetivos, la Selección volvió a superar un partido límite al vencer a Catar (2-0). No brilló, pero mostró una leve mejora y enfrentará con otra cara a Venezuela por un lugar en semifinales.

Lejos de clasificaciones holgadas, Argentina parece haberse acostumbrado a postergarlas hasta último momento. Con los avances cómodos como parte de un pasado no tan lejano, en las competencias recientes ha tenido que transpirar hasta el encuentro final para lograr su primer objetivo. Guardados los fracs, que empiezan a acumular pelusas mientras transcurren momentos agitados, en estas citas angustiantes cada taquilla del vestuario ha pasado a contener overoles, adecuados para el esfuerzo.

Para sacar el pasaje a Rusia 2018, para meterse en octavos del Mundial y, recientemente, para pasar a los cuartos de la Copa América, la Selección debió apretar los dientes y afrontar partidos límite con la posibilidad de sufrir una eliminación muy dolorosa rondando en algún rincón de la cabeza. Si bien todas las pruebas fueron superadas, se trata de una tendencia tan peligrosa como reveladora.

Haber pasado de tres finales en tres años a otras tres “finales”, de un carácter totalmente distinto, en los tres siguientes evidencia claramente que el conjunto albiceleste ha bajado el nivel. Aun con el temple para ganar esos compromisos, haber tenido que mantener esa tensión hasta el final fue tanto una consecuencia lógica de los vaivenes como, en los dos primeros casos, una causa de peores preparaciones posteriores.

Sin cierta tranquilidad (lo que hace bastante falta en Argentina) para asentar un equipo y aceitar el funcionamiento, el sufrimiento, la improvisación y la falta de planificación finalmente se sintieron, algo lógico cuando priman la inmediatez y el corto plazo por sobre todas las cosas. Pero lejos de haber aprendido, la Selección reincidió en sus errores y volvió a asemejarse a esos estudiantes que dejan todo para último momento y prometen inútilmente que la próxima vez será diferente.

Además, no ha engañado diciendo que no estudió para después obtener una de las mejores notas, sino que antes de la Copa América exhibió problemas que quedaron en evidencia en el torneo. Carente de una estructura colectiva reconocible y que potencie a sus piezas con regularidad, el electrocardiograma de rendimiento mostró tanto picos altos como bajos, alternados de manera continua.

De esa comparación colegial grupal se desprenden varias individuales que sirven para pasar de la imagen general a los detalles que hacen el todo. Partiendo del genio que acostumbró al resto a obtener las notas más altas con una regularidad impresionante y sorprende cuando baja un par de puntos, como Lionel Messi -que, dentro de un engranaje que no fluye, ha ofrecido un brillo menor sobre el campo-, los parecidos se acumulan.

REUTERS/Diego Vara

Aun con destellos, Messi no ofreció su mejor nivel en estas tres fechas. Crédito: Diego Vara/Reuters

Leandro Paredes, uno de los argentinos más consistentes en la primera fase, aparece como el que se luce en su materia preferida y desatiende las otras. Lúcido e inteligente con la pelota, contra Catar distribuyó con criterio y precisión para gestionar los ataques desde atrás mientras en la recuperación se vieron algunas de sus falencias: más allá de una buena capacidad para ganar duelos y capturar rebotes, sufrió al ir a los costados, negar espacio entre líneas y vigilar sus espaldas.

Para que el mediocampista del PSG luzca sus mejores virtudes con el balón necesita varias líneas de pase y opciones por delante, por lo que el ingreso de Rodrigo De Paul fue importante. El ex Racing se sumó a la Selección como el compañero risueño que bromea y se divierte, pero a la hora de la verdad se esfuerza, cumple y es reconocido. Además de haber sumado su picardía al grupo, en Porto Alegre jugó con un desparpajo que, a pesar de algunos errores, lo consagró como uno de los mejores por su despliegue y capacidad para abarcar distintas áreas del juego.

De rendimiento consistente y sostenido, Nicolás Tagliafico ejemplifica al estudiante aplicado e impecable para cumplir siempre y mantenerse al día. Si bien, como a muchos, la endeble estructura no lo benefició y no arrancó en su mejor nivel (en un rol distinto al del Ajax, como incluso él mencionó antes de viajar a Brasil), el lateral es una de las fijas presentes y futuras por regularidad, personalidad e inteligencia. Ante el campeón asiático aumentó su participación en campo rival, con libertad para progresar, y profundizó como pocas veces en el torneo, aun con un parado colectivo que lo dejaba en inferioridad numérica en defensa y lo incomodó en gran parte del partido.

Sergio Agüero y Lautaro Martínez, la dupla ofensiva frente a Catar, se complementaron en todo sentido, como esos que se reparten tareas para completar un trabajo. Los dos centrodelanteros puros del plantel se distribuyeron bien en sus movimientos (muchas veces se ubicaron cerca de los centrales para fijarlos, llevarlos hacia atrás y también captar la atención de los laterales, pero se entendieron para retroceder uno a la vez) y sus momentos destacados, ya que el del Inter inició activo y luego bajó su incidencia, mientras que el del City subió su nivel en el segundo tiempo. Entre los dos, se dividieron funciones para multiplicar su influencia.

De los jugadores que ingresaron para este partido, Juan Foyth personifica al que se muestra algo tenso y tímido en cada participación. Más allá de sus varias aptitudes, el juvenil de 21 años no terminó de soltarse en su primer partido competitivo con la Selección Mayor y no mostró su mejor versión: sin intentar una de sus clásicas conducciones en velocidad para entrar en campo contrario, tampoco pudo superar líneas con pases, en parte porque los de Félix Sánchez se lo negaron al ocupar bien los espacios; por momentos sufrió en defensa, aunque varias veces se vio en desventaja y también tuvo acciones positivas.

Los que entraron en el segundo tiempo, Marcos Acuña y Paulo Dybala, se asemejan a quienes se suman a un grupo con el ciclo empezado y se incorporan como si llevaran mucho tiempo en él. Tanto el hombre del Sporting como el de la Juventus se metieron bien en el partido, con aportes importantes para el equipo desde el recorrido -lo que ayudó a Tagliafico- y la movilidad y la capacidad de resolución -incluida una asistencia a Agüero tras un gran movimiento-, respectivamente.

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Agüero, Messi y un abrazo de alivio tras el segundo gol. Crédito: Chris Brunskill/Getty Images.

Sumado todo, los dirigidos por Lionel Scaloni lograron un triunfo con pasajes en un buen nivel que resultó fundamental para seguir en carrera y mejorar un poco la regular imagen dejada en esta Copa América. Además de por un rival que exhibió grietas defensivas y desacoples entre la defensa y el medio, el mejor partido de Argentina llegó por ajustes que tuvieron efectos positivos y negativos.

Lo más destacado fue la mejor ocupación de los espacios con la pelota, lo que permitió atacar en condiciones más favorables y no en inferioridades numéricas y posicionales. Con más hombres arriba, algo marcado por la inclusión de Lautaro y Agüero, quienes jugaron un papel importante para abrir huecos, la defensa catarí debió tomar más futbolistas y eso creó más espacios y líneas de pase.

Esto se trasladó a algunas buenas circulaciones y asociaciones, algo que no se había visto mucho en las dos primeras fechas. Al tener jugadores de buen pie, es necesario contar con recursos para triangular y desequilibrar desde el pase -al atraer para liberar o juntar toques para inclinar al rival-, lo que se puede traducir en profundizaciones y también ocasiones.

Crédito de las imágenes: TyC Sports.

Messi recibió varias veces detrás del mediocampo rival, con espacio para conducir y alternativas de descarga, pero no siempre decidió bien y se mostró impreciso, quizá por un campo de juego deficiente que causó quejas de los dos seleccionados. La mejora se tradujo en varias ocasiones, aspecto buscado: la Selección logró casi tantos remates (19, con 6 intentos del Kun y 5 del Toro) como en los dos anteriores (13 ante Colombia y 7 frente a Paraguay).

Sin embargo, la ganancia ofensiva también generó una pérdida defensiva. La presión mostró dos caras, como se preveía desde antes del viaje a Brasil: una, con el equipo comprometido para achicar espacios en bloque, que fue exitosa -principalmente tras las pérdidas; otra, con delanteros descolgados y dos líneas retrasadas y lejos de la pelota, lo que la volvió permeable y vulnerable. Además, la transición hacia atrás dejó dudas, corregidas en parte con el ingreso de Acuña, de mayor recorrido, por Lo Celso.

Además, al jugar con un rombo en el medio, más allá de los retrocesos de los dos centrodelanteros para liberar al capitán, las bandas quedaron liberadas y Catar logró avanzar con facilidad. Los de Sánchez doblaron a los laterales y generaron dos contra uno que, si bien no generaron chances concretas, preocuparon.

Corregir este punto será importante en el partido de cuartos de final. Venezuela, como ya demostró en su contundente victoria de marzo, es capaz de sacar ventaja de eso. Ese día, Scaloni ubicó tres volantes para defender (Gonzalo Martínez, Paredes y Lo Celso), lo cual conllevó problemas para bascular y girar.

Así llegó el gol de Salomón Rondón, con una salida de lado a lado en la que Roberto Rosales tuvo tiempo para pensar, avanzar y ejecutar un excelente pase largo detrás de la defensa. El conjunto albiceleste luego pasó a una línea de cuatro en el fondo, pero no terminó de encontrarse en la cancha y fue superado.

Con extremos para fijar a los laterales y retenerlos atrás, los dirigidos por Rafael Dudamel tienen herramientas como para sacar provecho de esa falencia. Asimismo, el punta del Newcastle es un especialista en las luchas en soledad: fuerte y potente, se luce en el juego por arriba para asistir compañeros de la segunda línea y sabe aguantar el balón para descargar hacia un costado.

Al tener un mediocentro que no se especializa en las coberturas la Selección deberá evitar los lanzamientos o ganar los duelos aéreos, una tarea más complicada. En ataque, será importante ubicar distintos apoyos interiores y circular con velocidad -con el objetivo de mover a la defensa, sacar hombres de sus colocaciones y generar espacios-, ya que Venezuela sabe abroquelarse, cerrar caminos y neutralizar circuitos ofensivos, en especial si un jugador queda aislado, como ocurrió en el 3-1 Wanda Metropolitano.

Cuatro días de descanso parecen suficientes para recuperar energías y planificar un encuentro de características diferentes a los anteriores. Habrá que ver si esta vez Argentina cumple la promesa de adelantar tareas o si, de nuevo, cae en el vicio estudiantil de dejar todo para el final.

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