Liverpool-Barça, el duelo de pesados de distinta obsesión

Son dos de los poderosos continentales y dos de los candidatos iniciales a ganar la Champions, pero de prioridades diferentes: mientras el Liverpool sueña con la Premier, el Barça se desvive por reinar en Europa.

“Nosotros prometemos hoy que este año vamos a hacer todo lo posible para que esa copa tan linda y tan deseada por todos (la Champions) vuelva a estar en el Camp Nou”. En agosto, en el marco del Joan Gamper, Lionel Messi definió el objetivo central del Barcelona de cara a una nueva campaña. Aunque lo dijo después de señalar lo bueno que había sido el año anterior al haber ganado la Liga y la Copa del Rey, esas palabras demostraron hacia dónde apuntaban todos los deseos del equipo.

No es que el conjunto catalán haya dejado de lado las competencias domésticas -se consagró con tres fechas por disputarse y el 25 de mayo se enfrentará al Valencia en la final-, pero la prioridad ha sido volver a reinar a nivel continental, lo que le genera tanto una motivación especial como una mayor presión y un mayor miedo a perder. Cansado de que en los últimos años fuera el Real Madrid quien disfrutara, el Barça se mostró decidido a superar la barrera de los cuartos (instancia en la que fue eliminado en 2016, 2017 y 2018) desde el inicio de la temporada.

Con mayor o menor brillo, ese compromiso se ha reflejado en su rendimiento europeo en cada fase: superó su grupo con comodidad, con buenos partidos ante el Tottenham y el Inter, los dos rivales más complicados; en octavos le faltó eficacia para convertir en Francia, pero luego, con algún momento de incertidumbre incluido, doblegó al Lyon en el Camp Nou, y en cuartos mostró su competitividad tanto al salir victorioso de Old Trafford como al avanzar con una goleada en casa.

En Messi y su tiempo en cancha también se percibe la relevancia de la Champions, vistos sus mayores descansos en Liga. Pasadas 35 fechas, el ahora primer capitán ha disputado más de 400 minutos menos que en la temporada anterior (2529′ frente a 2996′) y ha comenzado en el banco los dos compromisos previos a la ida. Más allá de sus dolores en el pubis, el cambio es significativo.

Messi, que viene de lucirse ante el United, lidera la ilusión del Barça. Crédito: AFP.

Del lado del Liverpool no se manifestaron tan abiertamente sobre su prioridad, pero el club desde hace tiempo sueña con ganar una Liga que se le niega desde 1990 (nunca festejó desde el cambio de formato de 1992). Antes de enfrentarse al Bayern Munich por los octavos de final, Jürgen Klopp aseguró: “Para todos los hinchas es claro, elegirían ganar la Premier League. Pero gracias a Dios no tenemos que tomar una decisión. Tenemos que dar todo y jugar un fútbol pasional, el que esperamos cuando venimos a Anfield”.

Mientras sus últimos años han sido de mayor éxito a nivel europeo (fue campeón en 2005, subcampeón en 2007 y 2018 y además llegó a la final de la Europa League en 2016), la herida por el título local perdido en 2014 frente al Manchester City sigue abierta. Levantar el trofeo liguero es un deseo recurrente para un equipo red que esta campaña ha hecho muchos méritos para celebrar, pero que se encuentra en desventaja frente a un City arrasador en el día a día.

Como con el Barcelona, eso no implica que el Liverpool haya despreciado la Champions: tras clasificarse en el segundo lugar en un grupo muy complicado (lo compartió con el PSG y el Napoli), en octavos derrotó al Bayern con autoridad y en cuartos barrió al Porto.

Sin ser tan dependiente de sus delanteros, los de Klopp han mostrado una clara evolución. Con fichajes importantes, para reforzar un puesto fundamental -Alisson Becker- y para agrandar el plantel y sumar más variantes -Naby Keïta, Fabinho y Xherdan Shaqiri-, el salto de calidad fue notorio. Aunque aún mantienen su capacidad para realizar transiciones letales, jugar a un ritmo ligeramente más pausado les ha aportado más solidez en defensa al permitir presionar y reubicarse con mayor facilidad.

El vínculo entre el Liverpool y Klopp ha sido muy fructífero. Crédito: Clive Brunskill/Getty Images.

Más allá de sus distintas obsesiones, la semifinal entre el Liverpool y el Barcelona cuenta con muchos atractivos futbolísticos, desde el duelo entre Virgil van Dijk y Gerard Piqué -dos de los centrales de mejor rendimiento esta temporada- hasta la vuelta de Philippe Coutinho a Anfield.

Vistos los problemas de los dirigidos por Valverde para superar la presión alta del Manchester United, en cómo puedan salir desde el fondo estará una de las claves de la serie. En Old Trafford lograron mejorar con una ayuda más cercana de Ivan Rakitić a Sergio Busquets, aunque en los primeros minutos jugados en el Camp Nou se repitió el problema.

Para el Barça será crucial evitar las trampas internas, por lo que es posible que el rol de los laterales resulte importante para pasar la primera línea y llevar el balón a los mediocampistas. En Marc-André ter Stegen tiene a un lanzador exquisito para ubicar a los hombres libres, así que no le faltan herramientas.

Sin embargo, contra un rival con contraataques tan frenéticos y bien armados, también deberá evitar pérdidas en zonas sensibles cerca del medio, por lo que Coutinho aventaja a Ousmane Dembélé, quien es más impredecible y descuidado. Además, con centrales que pueden sufrir ante delanteros veloces y desequilibrantes, como le sucedió a Clément Lenglet frente al Villarreal, no permitir transiciones debe ser una prioridad culé.

Frente a un Roberto Firmino (que se perdió el partido ante el Huddersfield por un problema muscular, pero parece estar recuperado para la ida) tan inteligente para moverse como preciso para activar a sus compañeros y unos rematadores veloces y directos como Sadio Mané y Mohamed Salah, evitar las réplicas y no correr hacia atrás parece lo mejor para el Barça.

Aunque suene fácil, para eso será importante acumular pases y mantener el balón en campo rival, tanto para poder retrasar al Liverpool como para que las piezas se acomoden y necesiten recorridos más cortos al perder la posesión. Si bien la presión tras pérdida fue un recurso muy importante en la primera temporada de Valverde, en ésta no ha resultado tan efectiva.

Aun sin el brillo del año pasado, Salah es importante para su equipo. Crédito: Michael Reagan/Getty Images.

Atacar los espacios parece la mejor opción para los de Klopp, aunque sostener la pelota y hacer correr al Barcelona también les puede servir para forzar algún error y jugar con una posible desesperación del conjunto catalán. Si logran encadenar pases y que los laterales se instalen en campo rival, son capaces de lastimar por cómo cargan el área y atacan los centros laterales de dos buenos lanzadores como Trent Alexander-Arnold y Andrew Robertson, quienes aprovechan que Mané y Salah se cierran para adueñarse de las bandas.

Sin embargo, más allá de los análisis previos, esta serie cuenta con un jugador con condiciones suficientes para alterar cualquier trámite y decidir cualquier eliminatoria: Messi, aun en contextos adversos, es un definidor de partidos como pocos. Cualquier resquicio que el Liverpool -que puede intentar reducir su influencia con Fabinho y van Dijk- le dé, tendrá el peor pronóstico para Alisson.

Por el orden de los encuentros, salir airoso de la ida es fundamental para el Barça, dadas sus complicaciones para jugar fuera de su estadio en eliminatorias de Champions (desde 2016 sólo obtuvo dos triunfos, ante el Arsenal y el United). En octavos y en cuartos disputó la vuelta en el Camp Nou tras haber logrado un buen marcador como visitante, pero en esta serie deberá definir en Anfield y viajar con la necesidad de buscar un resultado no será lo ideal.

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