Pizarra desdibujada

La derrota por 3-1 contra Venezuela fue un claro retroceso para la Argentina de Scaloni. Lejos de certezas, la imagen general fue la de un equipo desorientado, inconexo y con errores individuales y colectivos.

Transcurría el primer partido de las finales 2016 de la NBA cuando Steve Kerr -el entrenador de los Golden State Warriors que están marcando una época por sus tres títulos y su cambio en la manera de jugar, con más velocidad y tiros externos- pidió un tiempo muerto que dejó una escena inesperada e icónica. Su equipo derrotaba a los Cleveland Cavaliers por 56-52, pero estaba desconcentrado y cometía errores y el coach, como si fuera una película de artes marciales, rompió su pizarra con un golpe certero.

“La destrucción ayuda a aliviar la ira y traté de sacarme el enojo con ella en vez de con un jugador. Fue mejor así. Después del entretiempo habíamos perdido el foco, habíamos cometido muchos errores y necesitábamos volver a centrarnos”, explicó Kerr una vez consumada la victoria por 104-89.

El viernes, durante el Argentina-Venezuela, Lionel Scaloni podría haber imitado al ex base. Si bien no llegó a romperse, su pizarra, que arrancó en gran medida clara y ordenada -en base a fechas anteriores y lo pensado para el partido en Madrid-, pasó a tener tantas flechas, marcas y anotaciones cruzadas que el contenido terminó siendo ilegible e indescifrable.

No sólo los cambios en medio del encuentro generaron el enredo y la confusión, sino también la falta de una estructura colectiva que permita tanto atacar con ideas y continuidad como recuperar la pelota en las zonas deseadas, en el caso ideal, o trabajar en conjunto para evitar el peligro.

En cuanto al rendimiento ofensivo, una prueba que grafica el mal desempeño de Argentina es que, aun con varios jugadores de buen pie como Juan Foyth, Lisandro Martínez, Leandro Paredes y Giovani Lo Celso, Lionel Messi tuviera que retroceder tanto para entrar en contacto con la pelota. Si para generar situaciones se necesita que el mejor jugador -al que casi nunca se encontró cerca del área, donde más daño hace- baje hasta el círculo central, gambetee a tres rivales y tire un centro, claramente hay un problema.

La formación hacía pensar que se verían varios aspectos: una salida limpia basada en los cuatro jugadores recién mencionados, ya que poseen buena visión para detectar hombres libres -más conceptos para generarlos a través de conducciones- y precisión para conectarse con ellos; un buen volumen de juego interno generado a partir de Paredes, Lo Celso, Messi y Gonzalo Martínez, todos aptos para asociarse, y una llegada por afuera propiciada por Gonzalo Montiel y Nicolás Tagliafico, defensores capaces de aportar profundidad y llegada al espacio y dar la amplitud necesaria para la creación de pasillos internos que faciliten los pases por adentro.

En su vuelta a la Selección, Messi fue el mejor. Crédito de la imagen: Maxi Falla/Clarín.

Pero nada de eso sucedió, con errores en el primer punto que afectaron los otros. Sacar el balón con claridad desde el fondo para generar superioridades más adelante en el campo, que es su objetivo, fue difícil al acumular varios jugadores -¡hasta cinco!- delante de Salomón Rondón, quien iniciaba la presión venezolana. Esa mala disposición, con el mediocampista del Betis excesivamente involucrado en la salida, incluso buscando la pelota cerca de los centrales, afectó la progresión.

Sin opciones entre líneas o apoyos detrás de la presión es muy difícil que un equipo pueda progresar con ventaja, ya que se reduce a una acción individual o un envío largo, para lo cual Argentina no tenía jugadores en cancha. Con Lo Celso lejos de las zonas en las que más influye (entre líneas y cerca del arco rival) y el Pity parado como un extremo desentendido del juego interno y únicamente preocupado por correr al espacio -lo que no está mal, porque ayuda a estirar la defensa, pero en este caso había pocos jugadores para aprovechar el lugar generado detrás del mediocampo-, cuando Messi comenzó a retroceder la zona media pasó a ser terreno desierto.

Así, sin pases que agrupen al rival en un sector para atacarlo por el contrario, sin asociaciones que atraigan para liberar y sin toques que concentren la atención en una zona para generar una ventaja en otra, para la Selección era muy difícil lastimar. Sin engaño ni sorpresa, las únicas vías que quedaron para crear peligro fueron el desequilibrio individual o pases y desmarques (que se vieron poco).

A partir del llamativo cambio -algo totalmente válido, pero que no ayudó a mejorar y dejó a Tagliafico desorientado, en un lugar extraño para él-, el equipo quedó dispuesto para aplicar algunos de estos conceptos. Dos de los Martínez, Lisandro y Gonzalo, y el hombre del Ajax se acumularon por izquierda y Montiel quedó aislado por el otro lado, pero nunca se buscó sumar pases en el sector de hipotética superioridad numérica para arrastrar a Venezuela hacia su derecha y luego encontrar al lateral de River -que, más allá de su potencia al espacio, no cuenta con un desequilibrio individual como para buscar generarle duelos individuales.

A partir de esto, analicé los roles del doble 5, cómo (no) se complementaron y de qué manera afectaron al funcionamiento colectivo. Paredes se involucró mucho en la salida, como es habitual en él, pero sin opciones de pase por adentro vio limitada su influencia; Lo Celso, que en teoría debía ser el que despegara y fuera gestor, conector o finalizador en el tercio final, bajó mucho y, lejos de generar ventajas, en varias ocasiones se sacó espacio con el volante del PSG o con los centrales.

Crédito de las imágenes: TyC Sports.

Como se trata de un deporte con facetas relacionadas, el mal rendimiento ofensivo también repercutió en el aspecto defensivo. Con pérdidas en zonas sensibles y jugadores lejanos entre sí para presionar, las transiciones fueron un dolor de cabeza. Sin un mediocampista de perfil recuperador capaz de solucionar problemas por su cuenta, la estructura colectiva es aún más importante en la recuperación.

Para dos volantes centrales que no están acostumbrados a vigilar sus espaldas y ganar duelos individuales es indispensable que no haya espacio entre líneas, algo que Argentina, aun con jugadores acostumbrados a defender con varios metros por detrás, no hizo. Además, Venezuela generó ventajas con una rápida circulación de lado a lado y pases largos precisos a partir del problema del equipo albiceleste para bascular y la incapacidad para controlar a los lanzadores y al hombre objetivo, Rondón.

“Los goles no fueron por una cuestión de sistema, sino de actitud”, comentó el entrenador argentino en TyC Sports. Si bien hubo errores individuales, lo colectivo y el mal posicionamiento -algo relacionado con el modelo que eligió y las instrucciones que dio- afectaron tanto al aspecto ofensivo como al defensivo.

Crédito de las imágenes: TyC Sports.

En el análisis global (que desde afuera y a través de una pantalla es más fácil, pero cada observación, siempre con respeto, parte desde lo visto e implica cuestiones que dadas las características de los jugadores tranquilamente podrían haber ocurrido) fue un marcado retroceso de la Selección en su camino hacia la Copa América de Brasil. Si antes de pisar el Wanda Metropolitano Scaloni tenía su pizarra definida, del estadio del Atlético de Madrid salió con un exceso de tinta, reflejado en un equipo desorientado, inconexo y desdibujado.

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