Kane e Inglaterra siguen superando obstáculos

Inglaterra remontó ante Croacia y con el 2-1 se metió en el final four de la UEFA Nations League. Harry Kane, su símbolo, hizo el gol que desató a Wembley.

Pocos jugadores representan mejor a esta renovada selección inglesa que su capitán (designado antes del Mundial con acierto y criterio), Harry Kane: serio, trabajador, inteligente, decidido y con una fe inquebrantable. Todas esas cualidades, algunas de las muchas incluidas en el repertorio el extraordinario delantero del Tottenham, también describen perfectamente al equipo dirigido por Gareth Southgate, que en Wembley derrotó a Croacia por 2-1 para ganar el grupo 4 de la innovadora UEFA Nations League.

El hombre adecuado para coronar la remontada (tras los goles previos de Andrej Kramarić y Jesse Lingard) y sellar una pequeña revancha tras la semifinal de Rusia 2018 era el portador del brazalete, fiel representante de esta generación y su incipiente camino. La misma astucia y tranquilidad que mostró al empujar el centro de Ben Chilwell, a los 85′, empleó después para declarar: “Deseábamos mucho ganar este partido. Dijimos que tras el Mundial queríamos mejorar y terminamos el año con fuerza”.

Entendedor de muchas facetas del juego, Kane lució parte de su repertorio en algunas de sus maniobras destacadas ante Croacia: uno de sus característicos giros rápidos para salir del duelo con un defensor -que también sabe usar para ganar en velocidad- y lanzar a Sterling, su juego aéreo para descargar hacia los costados y activar a sus compañeros, su calma para irse a un costado, controlar y cambiar de juego y su olfato goleador y sentido de ubicación.

Dos veces no logró mandar a la red balones que le quedaron en el segundo palo, zona que ocupa regularmente en los envíos aéreos, pero no se rindió. En la primera, en una acción similar a un gol que le marcó a Túnez en Rusia, no llegó a conectar la pelota y en la segunda, que completó Lingard, su definición con un veloz gesto técnico fue desviada por Lovre Kalinić. La tercera fue adentro y causó miles de sonrisas en un Wembley que vibró al compás del partido de su selección.

Los primeros 20 minutos mostraron la mejor versión de Inglaterra, que a pesar del cambio de disposición no logra dar un salto en su ataque estático. Southgate modificó la línea de tres centrales con dos carrileros profundos del Mundial para sumar un hombre en ataque, con dos extremos (hoy Marcus Rashford y Raheem Sterling) para acompañar a Kane, pero muchas veces la circulación carece de fluidez, velocidad y precisión, y se hace previsible ante la falta de movimiento y decisión para aprovechar las ventajas creadas.

De los tres volantes, Eric Dier y Fabian Delph eran los más retrasados y quienes, junto con Joe Gomez y John Stones, cambiaban de sentido el balón -a veces lateralizando en exceso-, con Ross Barkley más suelto. El del Chelsea, que fue de mayor a menor, mostró movimientos interesantes al intercambiar posiciones con Sterling, quien contó con libertades para desplazarse y en ocasiones apareció por el centro o la izquierda.

En el inicio, ambos wines, en especial el del City, realizaron buenas carreras a espaldas de la defensa croata, con diagonales incisivas que crearon peligro y entusiasmaron al público. Sin embargo, a Inglaterra le faltó puntería y sufrió un bajón en su nivel cuando el equipo de Zlatko Dalić ajustó las piezas, lo que hizo bajar la euforia general.

Los jugadores ingleses festejan el gol tardío de Kane. Crédito: Matt Dunham-AP.

Con una mejor administración de la pelota desde los pies del elegante Luka Modrić, Croacia creció y comenzó a insinuar peligro a partir de réplicas que no fueron bien terminadas. Hasta que, dentro de un período de 15 o 20′ de desorden defensivo y pérdidas inocentes de los locales, Kramarić recortó varias veces en el área -ante cierta pasividad en la marca- y convirtió un gol que esparció frustración a lo largo del estadio, que sentía que su selección merecía más.

En busca de la remontada, Southgate mandó a Dele Alli al campo, quien entró por Barkley y sumó movilidad. Aunque retrasado y lejos de las zonas donde logra expresar su talento y lucir su mejor versión, el talentoso y perspicaz mediapunta del Tottenham logró un pequeño cambio, agudizado por Lingard, especialmente, Jadon Sancho y el efecto del empate.

Sin mostrar mejoras significativas con la pelota hasta el gol, siempre acompañado por un espíritu que revitaliza, los cambios sí aportaron algo más de entusiasmo y empuje. Como en el Mundial, las pelotas quietas exhibieron el trabajo inglés y salieron al rescate: la igualdad llegó de un lateral al área de Gomez y el tanto de la victoria, desde un tiro libre de Chilwell.

El triunfo generó una fiesta en un Wembley que a partir del Mundial se reencontró con su selección, que sigue superando pruebas y sumando experiencia. Con la fe intacta y mucha ilusión, los hinchas y el equipo ya marcaron en su agenda el mes para ir por un muy ansiado título: junio de 2019.

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