La Argentina de Scaloni y un nuevo desafío

La Selección debutará con la exigencia de atacar una defensa cerrada, escenario en el que mostró fallas y que seguramente será recurrente en las Eliminatorias.

El camino sudamericano hacia Catar 2022 iniciará este jueves y Argentina lo hará contra Ecuador, un rival significativo por pasado y futuro: durante el proceso hacia Rusia 2018 se llevó tres puntos del Monumental en la única derrota oficial en 90′ del ciclo de Gerardo Martino y en Quito fue donde se selló la sufrida clasificación de los dirigidos por Jorge Sampaoli, y esta vez aparece como el primer oponente en ofrecer un contexto que la Albiceleste se puede enfrentar con asiduidad. Porque es probable que sea la prueba inicial del conjunto de Lionel Scaloni ante un contrario replegado y cerrado, un escenario en el que seguramente se encontrará seguido durante las Eliminatorias y en el que ha mostrado algunos problemas.

En el actual ciclo, la Selección ha superado varios obstáculos, ha consolidado un grupo de futbolistas y ha dado los primeros pasos hacia una identidad colectiva, pero si hay un escenario de partido en el que ha demostrado algunas falencias e incomodidad es, justamente, en el que parece que estará en la primera fecha. Porque sus mejores versiones llegaron a partir de búsquedas directas, tanto desde una recuperación como con progresiones veloces en pocos pases, como se vio en los rendimientos destacados en la Copa América y los amistosos posteriores (el 4-0 a México y el 1-0 a Brasil, por ejemplo).

Esto se refleja en números: de los 40 tantos convertidos en 21 compromisos, las vías más comunes hacia el gol fueron la verticalidad y las pelotas paradas. Entre esas dos situaciones llegaron 34 de los gritos (el 85%), con 17 entre córners (seis), penales (seis, uno en el rebote) y tiros libres (cinco) y otros 17 entre contraataques y ataques rápidos. Luego, cinco fueron con ataques estacionados (es decir: ante un bloque defensivo establecido) y uno con una atracción para verticalizar, llevando la pelota hacia atrás para “invitar” al oponente a presionar para lanzarse en ventaja al espacio generado detrás de las líneas adelantadas.

Además, la mayoría de las 23 conversiones que ocurrieron con el balón en movimiento se dieron con pocos pases y un escaso tiempo de tenencia, algo directamente relacionado con esa intención directa: 17 de los tantos contaron con cinco envíos o menos y apenas dos remates fueron precedidos por 11 toques o más, así como gran parte de las maniobras se finalizaron en 10 segundos o menos.

Esa propuesta nace y está favorecida por las características de los nombres empleados, ya que las convocatorias y las formaciones suelen mezclar jugadores capaces de habilitar con precisión, conducir en velocidad o atacar espacios vacíos, y con la idea del entrenador, que ha manifestado su predilección por un juego rápido y ha logrado diagramar distintas presiones, tanto en disposición como en altura (bien arriba o, para tener terreno para despegar, más atrás). “El fútbol está yendo por el lado de las transiciones rápidas, que es el fútbol que a mí me gusta. Un fútbol más vertical, para robar y llegar rápido al área rival. Creo en un fútbol directo, con jugadores que sepan jugar al espacio, que sepan jugar sin la pelota“, aseguró Scaloni en su presentación como interino en 2018.

Sin embargo, es probable que Ecuador no le dé esa alternativa a Argentina, al menos de inicio y de manera recurrente. Gustavo Alfaro es un técnico que organiza muy bien a sus conjuntos en bloques medios o bajos, con pocos espacios para el oponente, y en su debut todo hace pensar que el combinado tricolor apostará por agruparse en su campo, sobre todo al ser el primer contacto con el plantel y un partido complicado de visitante. A eso se suman algunas dificultades de la Albiceleste para romper defensas cerradas, un combo de peso histórico, jerarquía y flaqueza (de acuerdo con sus preferencias y sus principales virtudes) que durante las Eliminatorias seguramente llevará a varios seleccionados a adoptar una postura similar cuando del otro lado se presenten Lionel Messi y compañía.

Esos problemas que muestra la Selección para abrir y doblegar repliegues -que vienen desde hace tiempo- no tienen que ver con calidad, sino con funcionamiento. Es algo que en las últimas temporadas han sufrido varios equipos importantes y, lógicamente, es más complejo sin entrenamientos diarios y con reuniones esporádicas. Aun así, con continuidad en las convocatorias (lo que ha sucedido en mayor o menor medida en las últimas listas de Scaloni) de a poco es posible pulir detalles, potenciar sociedades y definir automatismos y movimientos para generar y aprovechar espacios.

En los últimos encuentros de Argentina se vio la intención de darle rodaje a una distribución para familiarizarla y asentar mecanismos, con continuidad en la formación ofensiva: una línea de tres con un lateral sumado a los centrales (generalmente es el derecho, aunque frente a Uruguay en noviembre fue el izquierdo), dos jugadores externos para dar amplitud (el otro lateral y el mediocampista del lado del defensor que se queda atrás) y presencia interior con tres volantes y dos delanteros.

Si bien en la teoría esa formación garantiza una correcta ocupación de la cancha, con presencia por adentro y afuera y alternativas de pase para lograr continuidad, en la práctica la Selección mantuvo inconvenientes para sostener un buen nivel contra bloques bien agrupados. Por momentos consiguió asociarse y superar líneas para crear ocasiones, pero en varios pasajes se repartió mal y despobló zonas internas o dispuso muchos futbolistas delante del medio adversario, lo que volvió a la tenencia lenta e ineficaz.

Esta dualidad se vio en el amistoso frente a Uruguay, la última presentación albiceleste. En ese 2-2, en el que estuvieron dos veces en desventaja, los de Scaloni mostraron acciones de mucha calidad técnica para realizar paredes en poco terreno, algunos movimientos complementarios y maniobras muy interesantes por derecha, juntándose por ese lado principalmente con Lionel Messi, Paulo Dybala (quien partió como centrodelantero y se movió, a veces en exceso, hacia ese costado para dejar un apoyo para alguien de frente o para intervenir en la circulación) y Rodrigo De Paul (que por pasajes ha exhibido la capacidad para compensar al capitán, subiendo su ubicación cuando él desciende para no pisarse y dejar un espacio desocupado). Esto último ya se había dado contra Brasil, con Lucas Ocampos en lugar del de la Juventus e incluso un mayor peso de esa banda, casi que olvidando la izquierda.

Ejemplos: un rombo para avanzar, con un De Paul que atacó el lado ciego de Valverde para atraer y liberar a Messi (1); doble presencia entre líneas, con una descarga de Dybala para Messi (2); buena movilidad, con un desmarque de apoyo de Agüero y uno de ruptura de Domínguez (3).

Argentina tiene buen pie en todas sus líneas y eso le permite superar presiones o generar espacios, aun si no logra llevarlo a cabo con continuidad. Las conducciones de Messi y De Paul, más las que pueda sumar otro volante (Giovani Lo Celso, por ejemplo), sirven para atraer marcas y abrir huecos porque, además, ambos tienen la lucidez para buscar al compañero liberado con una descarga en el momento justo.

A eso se suma la capacidad de pase de Leandro Paredes, un especialista en filtrar pelotas a espaldas de una línea por su precisión y tendencia a verticalizar. Por momentos la Selección logra aprovechar eso, cuando se escalona en el campo y ofrece opciones a corta y media distancia -entre líneas-, más la posibilidad de buscar a los alejados con un envío largo. Cuando se reparte bien, y especialmente si la presión rival es descoordinada, logra progresar y cargar el área -algo en lo que suele destacarse, con grandes rematadores y varias alternativas llegando.

Ataque desde atrás: Otamendi encuentra a De Paul, que habilita a un Messi que, tras atraer a Viña (lateral) y liberar la banda, lanza a Saravia.

Esos recursos le pueden servir a Argentina para superar repliegues. Si es capaz de distribuirse bien en la cancha -ocupando, sobre todo, las zonas interiores-, tiene herramientas y características como para asociarse en corto y sorprender en largo (juntándose por derecha para profundizar por izquierda con un cambio de frente de Messi que gire a la defensa, por ejemplo), amenazar al espacio (Ocampos, de extraordinaria 2019/20, calza perfecto en ese rol), desequilibrar en duelos individuales y superar rivales en espacios reducidos a partir de su calidad técnica.

Pero para eso también es importante que los centrales se involucren más en la construcción (más que nada con conducciones para atraer una marca), se ocupen los espacios entre líneas con varias alternativas y haya movilidad y desplazamientos complementarios, para fijar, arrastrar y confundir a la defensa y abrir huecos. Esto, fundamental y un rasgo distintivo de varios de los mejores conjuntos del mundo, no siempre ocurre en la Selección cuando enfrente hay un bloque defensivo.

La acumulación de muchos jugadores delante del medio rival es algo que ya se había dado durante la Copa América, sobre todo con los laterales muy abajo, algo que en parte se corrige con la disposición con una línea de tres, y que no termina de solucionarse. Este inconveniente se traduce en pocas opciones hacia adelante, por lo que no es posible superar líneas y se termina en toques laterales, que llevan a una tenencia intrascendente, o hacia las bandas, sin que representen una ventaja.

Exceso de jugadores delante del medio rival (¡hasta ocho!) y escasa o nula ocupación de zonas internas, lo que deriva en una circulación ineficaz.

Esa mala ocupación de espacios no sólo afecta negativamente la faceta ofensiva, sino también la defensiva: si bien hay un buen respaldo y ventaja numérica con respecto a los atacantes, la mayor parte del equipo queda lejos de la pérdida y no consigue presionar inmediatamente, un aspecto aplicado correctamente durante varios encuentros del ciclo de Scaloni.

Robert Moreno, que dirigió al seleccionado español y fue asistente de Luis Enrique en la Roma, el Celta y el Barcelona además de en La Roja, explicó muy bien éste y otros puntos en un excelente video de The Coaches’ Voice. Con el foco en la estrategia para un enfrentamiento con Rumania (5-0), el ex técnico del Monaco se refirió a varios aspectos importantes relacionados con los avances ante defensas replegadas y especialmente en combinados nacionales, como la continuidad en la implantación de una idea y la paulatina incorporación de conceptos y una correcta distribución -“Una estructura debe cumplir varias cosas: ocupar la amplitud y la profundidad, pero también ocupar los espacios interiores. Si tú ocupas la amplitud y la profundidad, pero no hay ocupación racional (en zonas internas), pierdes algo que es muy importante para atacar, que es estar preparado para defender“-, entre otras cosas.

Además, esos pases largos hacia los costados en los que a veces termina la circulación argentina no representan ninguna ventaja: más allá de llevar la pelota más adelante, el receptor suele recibir en una situación desfavorable, ya que generalmente está rodeado y sin compañeros cerca y debe retroceder o intentar progresar con una acción difícil.

Laterales con pocas opciones de pase y una mala ocupación de las zonas internas, con una excesiva cantidad de jugadores delante del medio uruguayo.

Por ahí pasan los principales problemas en avances estacionados de la Selección, que ha demostrado tener herramientas para lastimar atacando posicionalmente (se vio en distintos encuentros y en los tantos del ciclo por esta vía: dos ante Iraq, uno ante México en 2018, uno ante Alemania y otro ante Ecuador), pero aún tiene margen de mejora para hacerlo consistentemente y con mayor eficacia. Es una noticia positiva que la Selección tenga aceitados otros caminos hacia el gol, con su gran capacidad para contraatacar y su poderío en la pelota parada a partir de pateadores y rematadores de jerarquía, aunque la frecuencia con la que probablemente se enfrente a repliegues, tanto desde el inicio como si se ve en desventaja y el rival se cierra, agradecería -y hasta requiere de- un salto de calidad en este aspecto.

Con la posibilidad de aprovechar el proceso clasificatorio para sumar recursos y pulir detalles mientras sigue desarrollando su identidad y carácter competitivo, la Albiceleste tiene mañana el primer duelo de las Eliminatorias frente a un bloque compacto. Prueba inicial de otro desafío para la Argentina de Scaloni.

Crédito de la foto de portada: @Argentina.

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