Argentina sigue sumando hacia Catar

En un escenario complicado, por el contexto y las ausencias, la Selección logró un buen triunfo en Chile (2-1) y continúa creciendo con solidez de cara al Mundial.

Ante las dificultades en la previa de la convocatoria (Lionel Messi estuvo afectado por el Covid-19, tardó en recuperarse y se ausentó en la lista), antes de salir del país (Lionel Scaloni, Pablo Aimar y Alexis Mac Allister no pudieron viajar por haber dado positivo en los hisopados protocolares, con Emiliano Buendía también aislado al ser contacto estrecho) y tras cruzar la cordillera (los procedimientos migratorios generaron fastidio y la delegación se encontró con dificultades en su hotel), la Selección Argentina respondió con la unidad y la personalidad que han caracterizado al ciclo. Con otro comienzo fuerte para ponerse rápidamente en ventaja (desde el comienzo de las Eliminatorias, abrió el marcador 17 veces y en nueve ocasiones lo hizo antes de los 15′) y aplomo para controlar el juego -primero- y sobrellevar los malos momentos -después-, superó a Chile (2-1) y cerró otra fecha con saldo positivo.

«El análisis es bastante simple, porque era un partido duro contra un equipo que tiene jugadores de jerarquía que se conocen desde hace muchos años. Nosotros vinimos a jugar seriamente y a competir, y por suerte nos llevamos el triunfo. Seguramente hay cosas para mejorar, pero lo importante es que el equipo demostró carácter en un ambiente difícil», aseguró Walter Samuel, quien comandó un mermado cuerpo técnico que frente a la ausencia de Messi optó por retomar varias pautas de otro compromiso sin su referente: un encuentro frente a México en 2019 que terminó en goleada (4-0). Sin su capitán, la Albiceleste optó por darle más vuelo a su faceta reactiva y de contraataque: si bien tuvo algunas posesiones largas, se enfocó más en hacerse fuerte desde un bloque medio que le permitiera robar y correr.

Como en aquel amistoso disputado en San Antonio, Texas, Argentina se agrupó cerca de la mitad de la cancha y decidió apretar en momentos puntuales para quitar y atacar con espacios. Con un trabajo de recuperación liderado por Lautaro Martínez y los dos interiores, quienes se desprendían para ir a buscar a los centrales o a un mediocampista, la Selección cumplió su objetivo en ambos partidos y consiguió trasladar sus avances veloces al marcador: en Estados Unidos lo hizo en tres de sus cuatro gritos, mientras que en Calama se dio en ambas conquistas. Después de forzar errores, como malas entregas o envíos largos, lo que hizo muy bien tanto en Norteamérica como en Chile (ver abajo) fue disponer inmediatamente de al menos una opción en profundidad y luego sumar más alternativas en una “segunda oleada”, siempre con posibilidades de completar los pases -incluso algunos difíciles- a partir del buen pie de sus volantes. 

Justamente, donde más similitudes hubo entre las dos alineaciones fue en el mediocampo, que es una parte fundamental de un conjunto a nivel general y especialmente en planteos de este tipo (cuenta con una gran responsabilidad en la presión y al iniciar, lanzar y hasta finalizar las contras, además de sus funciones en momentos más estacionados del juego). Si bien en el once inicial sólo repitieron cuatro nombres (Nicolás Tagliafico, Leandro Paredes, Rodrigo De Paul y Lautaro), la segunda línea del 4-5-1 (no tan permanente en el duelo de Eliminatorias, con Ángel Di María más liberado del retroceso) mantuvo sus características: tuvo al hombre del Paris Saint-Germain como mediocentro, con la compañía de dos volantes mixtos con la dinámica y la técnica necesarias para trabajar en defensa y también cuidar la pelota, conducir y pasar para comenzar los ataques directos (Alejandro Gómez, con un gran compromiso, cumplió el papel que había quedado para Exequiel Palacios en Texas); un futbolista creativo en la derecha y con aptitudes como para asistir, desequilibrar individualmente y amenazar con su pegada (en esta ocasión fue Di María, mientras que en 2019 lo hizo un Alexis Mac Allister de menor jerarquía y menor potencial en el uno contra uno), y un extremo clásico en la izquierda, encargado de ayudar a Tagliafico y de aportar en el último tercio (Nicolás González lo hizo más con desmarques y diagonales que Marcos Acuña, de recorrido más lineal por la banda y mayor enfoque en desbordar y centrar).

Aun así, Argentina no sólo logró controlar el desarrollo del primer tiempo por su estrategia para contraatacar, sino que también la combinó con secuencias de pases. Lo hizo sobre todo por izquierda, donde contó con un especialista como Lisandro Martínez (un generador constante de ventajas desde atrás por su visión y calidad pasadora) y con un buen funcionamiento del triángulo lateral-interior-extremo. Los tres se complementaron en cuanto a dónde ubicarse -en especial González, inteligente para fijar rivales y desmarcarse, y Tagliafico, quien sabe leer la posición del compañero que tiene delante y adaptar su colocación para proyectarse por afuera o por adentro– y al gestionar el balón -con Gómez como abanderado, ya que cubrió la posesión, escapó de la presión y descargó con sentido.

Igualmente, esas virtudes con la posesión se vieron casi exclusivamente en la etapa inicial. Más allá de algún pasaje puntual, a partir del segundo tanto (al minuto 34) y, sobre todo, del entretiempo, la Selección se enfocó en mantener la ventaja y en contener los avances del local. Con un Alexis Sánchez que brilló como falso 9 -moviéndose entre líneas, eludiendo rivales (completó 9/11 regates) y sacando de posición a un central para que sus compañeros ofensivos realizaran marcaran diagonales- y un Ben Brereton que demostró su versatilidad para moverse por todo el frente de ataque -y, al mejor estilo Mario Mandžukić, castigó a Nahuel Molina al aprovechar su ventaja física para rematar desde el lado débil-, Chile empujó y trasladó el partido al terreno albiceleste: cargó el juego por la derecha (el 55,6% de sus ataques en la segunda mitad fueron por ese lado) y exigió a Emiliano Martínez.

Desde la sobriedad de su arquero, Argentina volvió a mostrar personalidad para pasar malos momentos. Sin que se llegara a una situación límite de dominio de su adversario, aprovechó las interrupciones por las distintas infracciones para mitigar el cansancio y minimizar su impacto. Con un sentimiento grupal reforzado y otras dos piezas que demostraron su capacidad para ingresar en el once y aportar (Lisandro Martínez y el «Papu» Gómez integraron el podio de los mejores rendimientos), el equipo de Scaloni salió de su viaje al otro lado de la cordillera con más ladrillos en la sólida base que está construyendo hacia el Mundial.

Crédito de la foto de portada: Javier Torres/AP.

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