¿Cómo puede encajar Di María?

Confirmada su vuelta, surgen otras preguntas: ¿cómo lo piensa Scaloni? Si pasa de la libertad del PSG a un rol rígido, ¿Di María puede ofrecer el mismo nivel?

Luego de mostrar un rendimiento superlativo en la excelente temporada 2019/20 del PSG, en la que fue uno de los pilares y uno de los jugadores más decisivos, y comenzar la 2020/21 en la misma línea, a Ángel Di María se le cumplió el deseo de regresar a la Selección Argentina. Ausente desde una Copa América en la que comenzó como titular y rápidamente perdió el lugar para después tener buenos ingresos desde el banco (frente a Venezuela y Chile), el rosarino aterrizó en Ezeiza respaldado por su desempeño en Europa.

Cerrado el interrogante respecto de si debía estar o no, ahora se abren preguntas relacionadas con su encaje en el equipo de Lionel Scaloni. Es necesario empezar por el escenario en el que se destaca el ex Rosario Central, ya que su nivel, como el de cualquier otro jugador, está influido por el contexto.

En Francia, Thomas Tuchel ha buscado acercar al Fideo a la parte central de la cancha. Si bien su punto de partida sigue en las bandas, cuenta con libertad para ir hacia adentro tanto para asociarse como para desequilibrar. Así puede intervenir en zonas más decisivas y ganar influencia en los metros finales e impacto en los resultados, ya que se aprovecha más su imaginación y su pegada.

Su rendimiento -que ya era muy bueno- se elevó y, en consecuencia, sus cifras hicieron lo mismo. En cuanto a goles, asistencias y pases clave dados (por partido) en la Ligue 1, progresó así: en la 2016/17, 6 G, 7 A y 2,8 P.C.; en la 2017/18, 11 G, 6 A y 1,7 P.C.; en la 2018/19 (primera temporada con el técnico alemán), 12 G, 11 A y 1.9 P.C.; en la 2019/20, 8 G, 14 A y 3 P.C.; en la 2020/21 (en cinco encuentros disputados), 2 G, 2 A y 3.2 P.C. También fue decisivo en Champions, con desempeños sobresalientes cuando el equipo avanzó hasta instancias finales -en la última edición- y cuando su camino se cortó antes -en 2019 fue uno de los mejores en la serie de octavos ante el Manchester United, por ejemplo.

En los mapas de calor de Di María en sus tres campañas con Tuchel se aprecia su presencia interior, con una 2018/19 en la que incluso llegó a jugar como interior, una 2019/20 en la que se asentó en la derecha y una 2020/21 en la que de nuevo aparece por izquierda ante la ausencia de Neymar. Sin importar el costado desde el que partiera mantuvo sus apariciones por el medio, y este año, cuando se lesionó el brasileño, hasta se ubicó como “enganche” frente al İstanbul Başakşehir en los momentos en los que el PSG atacaba.

Pero el entorno del rosarino se compone, obviamente, de más jugadores. Cuando va para adentro, donde puede aprovechar su gambeta y las fantasías de su zurda (que utiliza para suplir lo poco que usa la pierna derecha con la capacidad para impactar la pelota de diferentes maneras, con cualquier superficie del pie), normalmente tiene un lateral que lo desdobla, un mediocampista que sirve como apoyo y un delantero que se ofrece en corto o pica al espacio, sumado un Neymar que cuando juega es una alternativa casi constante del medio a la izquierda. Con libertad para moverse y varias opciones, que le dan líneas de pase y también le liberan espacios, luce toda su calidad.

Por derecha tiene más panorama, al ir de afuera hacia adentro y tener la cancha de frente, y también puede permanecer abierto con mayor facilidad para buscar el mano a mano con el lateral rival, como se vio en la última Champions. Mientras que por izquierda es más necesario que pise zonas internas, ya que se le dificulta perfilarse y si recibe pegado a la línea y con la marca encima se le hace más complicado encarar hacia el arco y llegar a posiciones decisivas.

Di María, uno de los líderes en el camino del PSG a la final de la Champions, fue la figura en la semi ante el Leipzig. Crédito: Manu Fernandez/Pool via REUTERS.

Tuchel dejó una frase interesante sobre esas dos opciones y lo que puede ofrecer el Fideo en cada banda en febrero de 2019, antes de un encuentro contra el Nîmes, cuando estaba utilizando al argentino en perfil natural -e incluso como delantero en una doble punta-, ante las lesiones de Neymar y Edinson Cavani. “Estoy feliz con Ángel en la izquierda. Jugó mucho por la derecha para nosotros. Cuando los oponentes están muy apretados y muy bajos en el campo es un poco difícil jugar con un zurdo como él en la derecha. Siempre tiene que entrar y es difícil encontrar espacios para golpear o dar asistencias. A la izquierda puede jugar más rápido, ayudar a Kylian u otros jugadores más rápido. Siempre es peligroso con su pie favorito“, aseguró.

Aunque en el PSG generalmente actúa por derecha, el ex Rosario Central también tuvo grandes partidos por izquierda. Uno muy destacado fue frente al Real Madrid en septiembre de 2019, cuando por la primera fecha de la Champions se lució con un doblete (en el primer gol llegó por adentro para atacar el espacio entre los centrales; el segundo fue con una aparición central para rematar desde afuera). Como suele partir desde ese sector cuando se ausenta Neymar, ante la reciente lesión del brasileño volvió a cambiar de banda y con otros muy buenos rendimientos: se destacó en el 1-0 al Metz (con intervenciones en todo el frente de ataque, dio 5 pases clave y completó 4 de 7 regates) y fue la figura en el 3-0 al Rennes por su participación en los tres goles, con un doblete y una recuperación que asistió a Moise Kean.

Pero, obviamente, el contexto del PSG no es el mismo que el de la Selección. En ese sentido, por la movilidad de Lionel Messi del centro a la derecha (algo que en algún momento llevó al mismo Di María a comentar que prefería ir del otro lado para no sacarle espacio) y por el pensamiento del entrenador, parece que su presencia está más ligada a la banda izquierda.

Consultado en la previa del partido contra Bolivia por lo que podían aportar el rosarino y Cristian Pavón (había estado en la lista preliminar para la ventana de octubre) ante la falta de desequilibrio en la primera fecha, Scaloni aseguró: “Ahora tenemos jugadores de ese calibre. Tenemos a (Joaquín) Correa y al Papu Gómez, que son extremos. Incluso a Ocampos al cambiarlo de banda (venía de jugar en la derecha). El partido de Ecuador fue uno en el que buscamos otra cosa. Si hubiéramos querido tener un extremo, lo habríamos puesto“.

Ese comentario, sumado al lugar en el que jugó el rosarino en su único partido de arranque en el ciclo y, en un terreno de supuestos, dónde podría haberlo hecho en el amistoso ante Venezuela de marzo de 2019 de no haberse lesionado (se perfilaba como titular y su reemplazante fue un Gonzalo Martínez que jugó bien abierto por izquierda), parecen mostrar que es pensado en ese sector. Entonces, la cuestión pasa por evitar lo ocurrido en el debut de la última Copa América frente a Colombia, cuando quedó encerrado y limitado.

Ese día, lo que sucedió fue que jugó tan abierto y el equipo ocupó tan mal las zonas internas que casi todas sus recepciones fueron en malas condiciones: generalmente, de espaldas al arco, con Stefan Medina pegado y con pocas opciones de pase. Aislado y rodeado por más camisetas azules que albicelestes, jugar hacia atrás era prácticamente inevitable.

Ejemplos: una de sus pocas recepciones interiores, pero en una clara inferioridad numérica (1); ante un mar de camisetas azules y con escaso apoyo, tocó atrás tras el cambio de frente (2); de nuevo, pocas opciones (3).

Además, la mala circulación, propiciada por una disposición con laterales contenidos y un doble 5 en línea, llevó a que en muchas ocasiones recibiera directamente de Nicolás Tagliafico. Esos pases de lateral a extremo suelen representar un problema, ya que al ser verticales el jugador más adelantado debe controlar de espaldas al arco y no sólo pierde campo visual, sino que favorece el acoso contrario.

Por eso es aconsejable que los envíos sean diagonales, de adentro hacia afuera, para favorecer al delantero y que pueda perfilarse con mayor facilidad. Es un aspecto que, por ejemplo, llevó a que Pep Guardiola se enojara con Dani Alves, como él mismo reveló, porque buscaba directamente a Messi sin una estación previa en la zona central -para que estuviera conectado al juego, según contó el brasileño. Cuando el sentido de la tenencia falla, quienes lo padecen son los atacantes, ya que son asistidos en desventaja.

Muestras de esta falla: tras los pases de Tagliafico, Di María recibía perfilado hacia atrás y de espaldas a una marca que así veía facilitada su presión.

Esos problemas colocaron a Di María en un contexto perjudicial. Lejos de potenciar su rendimiento, no sólo se desaprovecharon sus cualidades, sino que quedó ubicado en un escenario en el que su aporte resultó negativo. Los inconvenientes colectivos fueron similares a los que se dieron en el debut de las Eliminatorias frente a Ecuador, por lo que es posible trazar un paralelismo entre su actuación y la que tuvo Marcos Acuña en esa primera fecha, en una de las presentaciones más discretas del futbolista del Sevilla con la camiseta de la Selección.

La comparación tiene muchos puntos en común, como los problemas en la circulación causados por una mala distribución en la cancha y las características de las intervenciones de ambos: muchas recepciones externas, pegadas a la línea lateral o muy cerca de ella, y muchos pases hacia atrás o el medio para, ante la falta de opciones por delante, mantener la posesión. Abajo y de izquierda a derecha, los toques y los pases de Di María frente a Colombia y los toques y los pases de Acuña contra Ecuador.

Por eso, si el Fideo juega en su perfil natural y entra en una disposición similar a la de esos dos encuentros lo más lógico sería que su rendimiento no se acerque al que tiene en el PSG. Si permanece anclado a la banda, el lateral no lo desdobla y no tiene apoyo de un mediocampista o de otro atacante, el contexto no será uno que le permita lucirse y lo hará sentir más encerrado que liberado.

Entonces, para que pueda ofrecer un nivel parecido al que tiene en Francia va a tener que cambiar algo, tanto en su rol como en los movimientos que lo rodean. Por izquierda, puede ser con una movilidad que le permita aparecer por adentro y, con un marcador de punta que se proyecte por afuera y le arrastre marcas, ofrecerse detrás del mediocampo o romper a espaldas de la defensa. Por derecha, con la posibilidad de aprovechar su panorama y su precisión para asistir o rematar y con una función de contrapeso de Messi (cuando uno se cierra, el otro se abre, y viceversa) que mantenga todos los carriles ocupados y genere espacios a partir de esos intercambios.

Además, Di María tiene una habilidad para jugar entre líneas capaz de representar un salto de calidad en un conjunto que ha mostrado algunos problemas en la ocupación de zonas internas. Es un futbolista que presenta herramientas que, bien aprovechadas, pueden elevar el techo competitivo del seleccionado. Concretada su vuelta, el foco pasa a la cancha y al escenario en el que se pare para intentar brillar.

Crédito de la foto de portada: @Argentina.

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