Messi brilló y dirigió el festejo albiceleste

Centro de atención antes y después del partido, Leo tuvo una noche histórica, lideró el 3-0 a Bolivia y le dio emoción y euforia a la celebración por el título.

Expectante y feliz, Lionel Messi ya palpitaba el encuentro ante Bolivia desde los días previos con una sonrisa en la cara. En una fecha marcada casi tanto por ser el primer partido en casa después del festejo en Brasil como por los tres puntos en juego rumbo a Catar, el capitán albiceleste sabía que sería una jornada única. Y así la vivió. Por si su llegada al Monumental apreciando el decorado conmemorativo y su alegre entrada en calor no fueron suficientes muestras de cómo estaba sintiendo la noche, él mismo se encargó de reforzar esas impresiones pospartido: «Tenía muchas ganas de poder disfrutarlo. Esperé mucho tiempo esto. Ganamos el partido, que era lo importante, y ahora a disfrutar de esto (la celebración). Lo busqué hace mucho esto, lo soñé y gracias a Dios se me dio. Fue un momento único por cómo y dónde se dio. Después de tanto esperar, no había mejor manera de que sea así y poder estar acá festejando con mi mamá y mis hermanos en la tribuna».

Con todos los reflectores enfocados en él, quizá como pocas veces en su carrera, el rosarino se movió con la naturalidad y la gracia de un artista. Preciso y carismático, desparramó su magia por toda la cancha: con su clásico punto de partida del centro a la derecha, generó de ese lado -además de por su cuenta, formó un triángulo incisivo con Nahuel Molina y Ángel Di María, con quien se combinó muy bien-, por el medio -como en el 1-0, con una gran resolución en espacios reducidos, o detrás de los mediocampistas rivales- y también por izquierda -al igual que ante Venezuela, apareció con frecuencia por ese sector, como en el 2-0 o en la ocasión clara que se perdió Lautaro Martínez. Ofreció un show que coronó con otro récord, al convertirse en el máximo goleador en la historia de los seleccionados sudamericanos.

Tan buscado fue durante el encuentro (con 95 intervenciones, sólo Leandro Paredes participó más que él) como tras los 90 minutos. Apenas terminó de hablar con la transmisión internacional, recibió abrazos de sus dos guardaespaldas en el mediocampo -Rodrigo De Paul y Paredes-, se secó unas lágrimas y volvió al centro de la escena. No sólo el público estaba ahí para verlo, acompañarlo y festejarlo, sino que sus compañeros trasladaron el deseo de ganar para él a celebrarlo con él: así como en el Maracaná lo rodearon en el instante que sonó el pitazo final, en el Monumental lo buscaron para compartir la esperada vuelta olímpica.

Con el respaldo de Paredes (seguramente, el segundo futbolista más destacado, por su criterio para distribuir y su ubicación y lectura para cortar, como en el 1-0), De Paul (sin lucirse tanto como en otras ocasiones, tuvo otro rendimiento completo), Di María (por momentos muy aislado contra línea, igual se las arregló para crear peligro y también mostró su capacidad para asociarse en lugares donde pocos pueden) y Molina (aunque en general partió desde muy atrás, lo que en algunas jugadas lo hizo llegar «tarde» como para recibir o ser una distracción, se proyectó constantemente), Messi pudo desequilibrar en el tercio final y poner a la Selección en situaciones de ventaja. Al llevar a Bolivia hacia atrás y plantarse con muchos jugadores en campo contrario, el equipo pudo recuperar rápidamente y arriba para mantener la presión (ver arriba), sobre todo en los 20′ iniciales (7 de sus 11 remates en el primer tiempo llegaron antes de los 22′).

En la parte negativa aparece la relajación de algunos pasajes, con un bajón de tensión y varias pérdidas peligrosas que podrían haber sido más complicadas para un sobrio Juan Musso, las complicaciones para controlar el juego aéreo de Marcelo Martins (ganó 7 de 12 duelos aéreos y recibió 4 faltas, que no llegaron a ser una amenaza) y la falta de sintonía entre Alejandro Gómez y Marcos Acuña (extrañamente, una de las individualidades más flojas) en la izquierda, que llevó a cierta repetición en los caminos ofensivos. De todas maneras, en lo global fue una buena victoria argentina para cerrar una ventana con puntaje ideal (a la espera de la resolución con respecto al compromiso con Brasil) para encaminar la clasificación a Catar 2022.

En una noche de felicidad, la Albiceleste festejó de la mano de un Messi que tuvo un merecido reconocimiento unánime para redondear una jornada inolvidable.

Crédito de la foto de portada: @tatografias.

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