Argentina y otro juego de dos caras

Argentina creció tras el entretiempo, pero se quedó en empate contra Paraguay. Aunque ajustó detalles, volvió a sufrir para doblegar un bloque cerrado.

Luego de una doble fecha de octubre en la que ofreció un rendimiento superior en el segundo partido que en el primero, Argentina mantuvo la tónica en esta ventana, pero achicó el margen de tiempo: en el 1-1 ante Paraguay, redondeó una regular actuación después de mejorar en los 45’ finales. Lejos de ofrecer patrones estables aun con el efecto positivo que tuvo la corrección en la ocupación de espacios, la Selección volvió a mostrar problemas para doblegar un bloque cerrado, en un escenario que seguramente se encontrará seguido en las Eliminatorias y que expone una cuenta pendiente del ciclo.

La etapa inicial del encuentro transcurrió con un guión más similar al que pretendió Eduardo Berizzo. Desde un sólido trabajo defensivo, con concentración y sincronización, la Albirroja impuso las condiciones. Primero lo hizo a partir de una presión alta que, además de evidenciar la falta de recursos de los dirigidos por Lionel Scaloni para salir, la llevó a dominar la tenencia y el terreno. Luego, con las líneas más retrasadas, no dio espacios y negó varios caminos hacia su arco, aunque le faltó la otra parte del plan: el contraataque.

A través del trabajo de Darío Lezcano y, sobre todo, Gastón Giménez para tapar la línea de pase hacia Leandro Paredes y evitar sus recepciones, así como de superioridades numéricas en los costados muy bien logradas, lo que compone uno de sus principales rasgos defensivos, Paraguay logró que el trámite de los primeros 45’ pasara mayormente lejos de Antony Silva. Aunque, claro, esa postura se vio favorecida por la mala distribución argentina.

Las posiciones medias de Paraguay: un bloque compacto. Vía: SofaScore.

Al igual que ante Ecuador, de movida la ocupación de espacios albiceleste resultó en más problemas que soluciones. Con una banda izquierda que otra vez tenía a sus integrantes superpuestos, ya que Lucas Ocampos (de poco desequilibrio y escasas diagonales hacia adentro para arrastrar a Robert Rojas) y Nicolás González se ubicaban pegados a la línea, y poca amplitud en un sector derecho en el que Gonzalo Montiel se proyectó más que en el debut, pero sin terminar de acertar cuándo hacerlo (en general lo hizo antes o después de que pudieran habilitarlo), y Rodrigo De Paul -de buenas intervenciones en el primer tiempo- apareció más cerrado al cumplir una función más vinculada a compensar los movimientos de Lionel Messi, profundizar fue un dolor de cabeza.

Cómodos ante ese panorama que sólo ubicaba a un jugador entre líneas (fuera el capitán o el mediocampista del Udinese, ante la presencia de Lautaro Martínez contra los centrales y los retrocesos de Exequiel Palacios), los de Berizzo no sufrieron muchos sobresaltos y encontraron caminos para lastimar, principalmente por la izquierda. Con Junior Alonso, un jugador de mucha influencia en la salida, corrido al lateral por las bajas de Santiago Arzamendia y Blas Riveros y Miguel Almirón por delante, los principales recursos para progresar quedaron recostados sobre ese costado.

Fueron recurrentes los pases verticales del ex Boca para el atacante del Newcastle (ver abajo), tanto al pie (en la jugada del penal, por ejemplo) como al espacio. Con su característica amenaza desde la conducción, el ex Lanús fue la principal fuente de peligro de Paraguay.

Los pases de Junior Alonso. Vía: Olé.

Pero el contexto cambió con el ingreso de Giovani Lo Celso, que tuvo un gran impacto individual y colectivamente. Inteligente para moverse -no sólo al cerrarse desde la izquierda y liberarle el carril a González, sino también al aparecer por la derecha (ver abajo)-, preciso para jugar entre líneas y comprometido con la recuperación, el del Tottenham influyó positivamente en el rendimiento del conjunto y también en el resultado: envió un excelente centro para que el hombre del Stuttgart luciera su estupenda capacidad de salto y convirtiera la igualdad, en un camino al gol previsible por cómo trabajan la pelota parada los de Scaloni (12 de los 44 goles del ciclo llegaron desde córners o tiros libres indirectos) y lo que les cuesta defender su área en envíos aéreos a los de Berizzo.

Los toques de Lo Celso ante Paraguay. Vía: Olé.

El efecto de la entrada del ex Rosario Central fue tal porque atacó directamente una necesidad. A la Selección le costó progresar desde atrás durante la mayor parte del primer tiempo por cuestiones personales (las pocas ventajas que puede ofrecer Franco Armani desde atrás; los controles improductivos de Montiel, sin ganar terreno al parar la pelota; algunos problemas de Nicolás Otamendi para salir desde el perfil izquierdo de la zaga, aunque en el Manchester City supo sobresalir en esa cuestión) y grupales, al no ofrecer líneas de pase hacia adelante y generar un vacío en la zona central que llevaba a una tenencia intrascendente.

La participación de Lo Celso fue importante porque se ubicó principalmente en el cuadrado entre Ángel Romero, Ángel Cardozo Lucena, Rojas y Gustavo Gómez, lo que, al generar más focos de atención para la defensa, abrió más espacios y mejoró la circulación, en especial porque cuando recibía en ese sector lograba sacar rivales de posición y descargar en el momento justo. Junto con la buena entrada, de mayor a menor, de un Ángel Di María que se movió con sentido por derecha y contribuyó a la mejor ocupación de los carriles internos, las posesiones albicelestes encontraron huecos en el bloque medio de Paraguay y mostraron un mayor sentido.

Con una mejor distribución de Paredes, más arriba en la cancha y hacia zonas más favorables para la progresión (ver abajo), Argentina sostuvo la pelota en campo rival -sobre todo por una muy buena presión tras pérdida o ante reposiciones, uno de los puntos destacados del ciclo. Con el trámite lejos de Armani, otro aspecto que cambió fue la zona en la que jugó un González que, aunque se desempeñó como carrilero en la 2. Bundesliga durante la 2019/20, es más atacante que defensor. En la segunda etapa, con la banda liberada, pudo partir desde más arriba y ser una preocupación mayor, aunque por momentos, especialmente sobre el cierre, parecía más necesario que arrancara un poco más atrás y no pegado a la última línea, ya que así daba menos margen para los posibles pases detrás de la defensa desde el medio o la derecha.

Aun así, la Albiceleste necesitó otros caminos para generar peligro aparte de los tiros lejanos. Le faltaron diversos elementos: precisión en el pase final, movimientos colectivos para crear desajustes (como desmarques simultáneos para que alguien arrastre una marca y otro ataque ese hueco), algún apoyo de Lautaro (estuvo errático en ese sentido) y más velocidad en la circulación, sobre todo para mover la pelota de lado a lado ya que muchas veces se dieron toques de más que hicieron que el bloque contrario se acomodara y no alterara su disposición en los desplazamientos de lado a lado.

Además del mencionado trabajo sin balón, otro punto destacado pasó por la mentalidad, dado que la Selección no se fue del encuentro tras el gol anulado y mantuvo la insistencia. “El segundo tiempo fue de lo mejorcito desde que estamos nosotros porque se sometió al rival y se lo metió casi en los últimos 30 metros”, aseguró Scaloni, que agregó: “Más no se puede hacer cuando estás con un equipo que tiene siete u ocho jugadores detrás de la pelota: generar situaciones, intentar llegar, intentar que no te las creen. Creo que eso lo logramos. Y hay que valorar también la actitud del equipo, que siempre creyó primero en empatar y después en el triunfo”.

Sin ser brillante, Argentina corrigió algunos aspectos y dejó una mejor imagen en la etapa final que puede ser útil para que ciertas pautas sirvan de base ante partidos de este tipo, que probablemente serán una constante en el camino a Catar 2022. Con margen para mejorar, es necesario pulir detalles para enfrentar bloques cerrados, una materia que a lo largo del ciclo ha generado varios dolores de cabeza.

Crédito de la foto de portada: Juan Roncoroni/AP.

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