Frágil, el PSG se desmoronó y quedó afuera

En control por buena parte del juego, el error de Donnarumma generó un quiebre que terminó con el conjunto parisino desbordado, derrotado (3-1) y eliminado.

«Lo que siento es que nunca se otorga el beneficio positivo. Ante la duda siempre veo demasiada negatividad, mientras que por la otra parte veo a los medios del Real Madrid siendo positivos. Está claro que el fútbol es un juego en el que se gana y se pierde. Nosotros somos competidores y siempre pensamos en lo positivo y lo mejor antes de un partido definitorio como mañana. No nos cabe en la cabeza más que pensar y llenar nuestras mentes de situaciones positivas. Está claro que es un partido definitorio y que si mañana no ganamos, no habrá otro partido de Champions», aseguró en la conferencia previa a la visita del Paris Saint-Germain al Real Madrid un Mauricio Pochettino que cree en las energías y el impacto que tiene el círculo cercano de un equipo en su rendimiento. Entre sorprendido y molesto por la negatividad que ha rodeado al plantel casi toda la temporada, sobre todo en las semanas posteriores al muy buen triunfo en la ida, en dos respuestas diferentes agregó: «Yo creo que la naturalidad es lo que falta un poquito por parte del entorno. El entorno vive una convulsión a veces demasiado intensa, exagerada. Ésa es un poco la diferencia de la que hablaba. Ante la derrota en Paris, todo el entorno del club (español) empezó con la maquinaria a generar esa corriente positiva de que es posible remontar el resultado. Para nosotros, al haber ganado el primer partido, está la responsabilidad de seguir manteniendo ese resultado. Hemos ganado sólo la primera parte, nos falta la segunda. Respetamos enormemente la Real Madrid, que tiene grandísimos jugadores. Un club que ha ganado 13 Copas de Europa no las gana por casualidad ni coincidencia, sino por algo mucho más importante que está adentro, en las entrañas de este club. Por eso hay que respetarlo, pero sin ningún temor».

Está claro que si el partido en el Santiago Bernabéu seguía un curso sin sobresaltos se preveía un desenlace favorable para el PSG, pero esa diferencia en el clima con el que cada uno afrontaba el partido y la diferencia de historia entre ambos se notó en la última media hora, cuando la visita quedó tambaleando y el local -empujado por un estadio efervescente, su fuego competitivo y su aura especial en esta competencia- fue arrollador. Disminuido y dubitativo, al conjunto parisino se le aparecieron todos los viejos e indeseados recuerdos. Le sucedió tanto a nivel colectivo (ya había sufrido remontadas, algunas casi inverosímiles, ante el Chelsea en 2014, el Barcelona en 2017 y el Manchester United en 2019) como, seguramente, personal para el técnico santafesino, que se volvió a encontrar con un bajón en un momento decisivo a partir de una corriente perjudicial en el ambiente («Todo el mundo quería que no estropeáramos el cuento de hadas del modesto Leicester City. Nos invadió una energía muy negativa. (…) Luchábamos contra el rival de turno, contra los medios y contra los aficionados», contó en «Un mundo nuevo», el libro que escribió con Guillem Balagué, de la caída de su Tottenham en su pelea por la Premier 2015/16). Algo paralizado por el sorprendente devenir de los 30′ finales, Pochettino no logró frenar el repentino y letal desmoronamiento de sus dirigdos, que se vieron superados por la situación y, echando a perder un muy buen trabajo general, cayeron por 3-1 (3-2 en el global) frente a un imponente Real Madrid.

Desorientado y desbordado, el equipo de la capital francesa no pudo controlar la tormenta blanca que se desató a partir del minuto 61. Si bien había conseguido soportar el primer envión del local -que comenzó el partido con decisión en su búsqueda de una igualdad en la llave y lo hizo literalmente desde la primera jugada, en la que al sacar del medio intentó encontrar a Vinicius en profundidad-, en el segundo no tuvo respuestas. Trató de hacerlo, con una posesión muy larga a los 67′ que por un momento bajó el ritmo, pero la fuerza y la experiencia de los de Carlo Ancelotti resultó demasiado potente.

Tocando y moviéndose, pasando y desmarcándose nuevamente, hasta el entretiempo Leandro Paredes, Marco Verratti, Lionel Messi, Neymar y Kylian Mbappé lograron que el PSG monopolizara la tenencia: de los 16′ (una vez que pasó el empuje inicial) a los 45′ tuvo el 64,2% de posesión, con apenas 52 de sus 279 pases intentados realizados en el tercio más cercano a su arco (lo que marca que manejó la pelota en la mitad de la cancha o alrededor de Thibaut Courtois). Sin posiciones fijas del medio hacia arriba -salvo por un Danilo Pereira que, al igual que en la ida, respaldaba a Achraf Hakimi para cuidarse de los contraataques-, le impuso su ritmo al juego. Así estuvo largos pasajes sin perder el balón y, sobre todo, sin que pareciera que el Madrid podía robárselo, profundizando con asociaciones en espacios reducidos o con desmarques de Mbappé cuando se abría un hueco.

La segunda etapa comenzó igual, con equilibrio y alternancia de dominios hasta que desequilibraba un «Kiki» incontenible (le anularon un tanto, al igual que antes del descanso). Sin embargo, lo que parecía un simple pase atrás para reiniciar una salida resultó el principio del fin para el conjunto parisino: Gianluigi Donnarumma controló mal, Karim Benzema afiló su colmillo y llegó el 1-1. A partir de ahí, como mecionó Ancelotti, prácticamente hubo sólo un equipo en la cancha. Los de Pochettino perdieron confianza, se fueron desdibujando y quedaron aturdidos. Lo prueban los datos de la cantidad de intervenciones antes y después del primer gol recibido: hasta los 60′ hubo 94 toques de Verratti, 75 de Messi, 61 de Neymar y 41 de Mbappé, con 585 totales; en los últimos 30′, 27 (-67), 21 (-54), 25 (-36) y 12 (-29), respectivamente, con 206 entre todos.

Desde la calidad, la jerarquía y la experiencia de Luka Modrić y Karim Benzema y la energía de Eduardo Camavinga, Federico Valverde y Rodrygo, el Real Madrid desató un temporal que arrasó con el rival y sentenció la eliminatoria. Atónito, el PSG no tuvo reacción y vio cómo se desvanecía una vez más su sueño europeo. Después de la tormenta que sufrió en el campo, ahora deberá afrontar otra entre oficinas y despachos. Más allá de las sanciones que puede recibir por las reacciones de Nasser Al-Khelaifi (presidente) y Leonardo (director deportivo), quienes generaron un revuelo en la zona de vestuarios al ir a protestar contra el árbitro, muchas partes de la estructura del equipo quedaron tambaleando y en revisión, desde directivos hasta cuerpo técnico y jugadores. Luego de otra decepción en la Champions League, no le queda más que rearmarse para terminar la temporada lo mejor que pueda -con el título de la Ligue 1 casi asegurado- y utilizar el receso entre campañas para poner bases sólidas en su proyecto.

Crédito de la foto de portada: Sergio Pérez/EFE.

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